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"No amen el dinero; conténtese con lo que
tienen, porque Dios ha dicho: “Nunca te dejaré ni te abandonaré”. Así
que podemos decir con confianza: “El Señor es mi ayuda; no temeré. ¿Qué
me puede hacer el hombre?" (Hebreos 13,5-6).
Nadie puede negar la importancia que, en una sociedad como la nuestra,
tiene el dinero. Todo gira en torno al dinero y muchas personas están
amando más al dinero que a Dios. Muchos están hoy sufriendo por deudas y
por necesidades que tienen y que creen que no pueden satisfacer.
Hoy les quiero decir a todos, tenemos que luchar, trabajar y procurar
encontrar los recursos que se necesitan para seguir adelante. Pero
también es importante tener claro que esa no puede ser nuestra
prioridad. Nosotros tenemos otras dimensiones de la vida que son
valiosas y que no podemos menospreciar. La familia, los amigos, la fe y
uno mismo, son más importantes que el dinero. Y nosotros tenemos que
actuar acorde a esta percepción.
Para ello se necesita mucha confianza en Dios. Se necesita tener unas
ambiciones ponderadas y sujetas a los valores determinantes de la vida.
Muchas veces por andar ambicionando más se pierde todo lo que se tiene.
A todos hoy los invito a confiar en el poder de Dios, a tener certeza de
que Dios cumple su Palabra y que nadie puede sentirse abandonado por él.
Que no hay miedo en nuestro corazón porque estamos protegidos por aquel
que tiene todo el poder y es Dueño de la vida. Necesitamos una actitud
más libre y menos apegada a las cosas. No podemos seguir "empeñando",
"hipotecando" la felicidad de nuestras familias y el buen ambiente que
tiene que caracterizar un hogar por estar tras de esas cosas que brillan
y tienen un gran valor pero no dan felicidad completa. Los invito a
confiar, a tener presente que Dios nunca nos va a dejar y que podremos
triunfar si creemos en él y depositamos nuestra vida en sus manos.
Alberto Linero
Gómez. Eudista |
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