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Una Puerta a la Palabra Enero 2017

María y su ejemplo

Me gusta la manera como nos presenta el evangelio de Lucas a María, la madre de Jesús (Lucas 1,26-38). Quiero proponerles tres características que le da el evangelista a esta mujer israelita y ver cómo nos puede permitir reflexiones y comportamientos en nuestra vida diaria.

Pide explicación. Ante la propuesta del Ángel ella pregunta ¿cómo será esto...? Trata de entender qué es lo que está proponiendo Dios. Así tenemos que vivir todos: pensando y entendiendo qué sentido tiene lo que estamos viviendo en nuestro proyecto de vida. No se puede vivir por vivir, hay que entender para dónde vamos y qué estamos construyendo.

Es disponible a la acción de Dios. Ella dice “aquí está la servidora del Señor” porque entiende que la manera de responder todo ese amor que ha recibido de Dios es servirle. No se trata de esclavitud, sino de la decisión libre de ponerse al servicio de la obra que Dios quiere realizar. Se sabe amada y por eso está dispuesta a comprometer su vida en esa misión. No hay amistad, relación de pareja, trabajo en equipo sin la disposición al servicio. Hoy pensamos sólo en nosotros mismos y nos olvidamos de servido y ayudar a los demás.

Se compromete a actuar. El “hágase” que pronuncia María expresa su decisión de comprometerse con la misión que le propone Dios. Muchos olvidan que para transformar el mundo, Dios cuenta con el compromiso de cada uno de nosotros. A veces esperamos magia y no nos decidimos a trabajar. María, nuestra madre, allí se presenta como modelo de discípula; los que queremos vivir como cristianos tenemos que aprender de ella. Hay que saber pedir explicaciones, saber estar dispuestos y, a la vez, comprometernos con el trabajo de Dios. No olvidemos que cuando Dios quiere transformar algo manda a uno de nosotros. Tenemos que ser conscientes de nuestro rol en el plan de Dios.

El llamado de Dios a un ser humano es la manifestación contundente de que confía en él. No llama por dar órdenes; llama porque confía en su creación. Sentirse llamado es reconocerse amado y valorado por Dios. En vez de llorar y de quejarte discierne el plan de Dios y comprométete a realizarlo con fuerza. Espero que este año sea de bendición para todos. Hemos hecho algunos cambios y ofrecemos unas nuevas experiencias para que cada día crezca más su amor por La Palabra de Dios. Agradezco a los padres Carlos Alvarez, comentarios de los domingos, y a Gustavo Mesa, comentarios diarios, por su colaboración. Bendiciones.

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