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Una Puerta a la Palabra Julio 2018

Toda devoción debe llevarnos a Jesús

Recientemente un amigo sacerdote nos expresaba su preocupación porque, al asumir el pastoreo de una nueva parroquia, detectó algunos excesos de la feligresía con el consumo de licor en torno a las celebraciones alrededor de la fiesta patronal. En efecto, un grupo asumió su religiosidad al tiempo que consumía licor de manera exagerada frente al templo. Por supuesto, mi amigo quiso transformar ese estado de cosas realizando catequesis previas a los fieles, y aunque la mayoría aceptó y acogió el mensaje, otro grupo reducido, que se hace presente únicamente cada año cuando están próximas las fiestas patronales, comenzó a generarle un mal ambiente ante el resto de la población, con diatribas, como casi siempre sucede en estos casos, todas mal intencionadas y solo con el propósito de ponerlo en contra de la comunidad.

Este hecho nos motiva a referirnos al tema, y consideramos oportuno hacerlo, no solo porque el día 12 de cada mes en muchos templos se le rinde homenaje a María mediante la advocación de Guadalupe, sino además porque, en este mes de julio, en varias regiones del país está muy arraigada la devoción a la Virgen del Carmen, cuya fiesta celebramos el 16 de este mes, y para la cual en ciertos sectores se cometen errores.

En tal sentido recordamos las orientaciones que nos diera el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Postsinodal ‘Eclesia in America´:

Toda acción pastoral, toda devoción del pueblo, toda religiosidad popular y toda fiesta inspirada en las distintas experiencias marianas deben motivar al creyente a tener un encuentro personal con Jesucristo, que lo lleve a renunciar al pecado y a llevar una vida según las enseñanzas del Evangelio. Más claro no se puede hablar. Usted amigo lector, y todos los bautizados que colaboramos con la evangelización, a partir de lo que creemos y vivimos, debemos contribuir a resolver ese tipo de situaciones. Si bien tenemos que ser tolerantes y respetuosos con los que piensan y actúan de manera distinta, no podemos permitir que otros, con sus excesos o defectos, nos desvíen de lo fundamental, que es Jesús, ni mucho menos promover experiencias que en vez de hacer crecer en la fe, distorsionen las enseñanzas del Evangelio.

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