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Una Puerta a la Palabra Agosto 2018

Editorial

San Pablo nos recuerda que la Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que espada de dos filos y penetra hasta el más profundo del corazón del hombre, Heb. 4, 12-13, esta afirmación de uno de los hombres que, una vez abrió su corazón a Jesús, entregó los últimos años de su vida al anuncio de la buena noticia del Evangelio, estuvieron vigentes en su época, lo siguen hoy así como le seguirán mañana porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

Pero ¿qué significa esta expresión para el hombre hoy? Significa que una vez recibida, acogida y vivida nada seguirá siendo igual para quien la recibe. Pablo da testimonio de ello. Él, hombre bien estructurado académicamente, con título de oficial y que tenía a su haber, entre otras, la responsabilidad de impedir que se extendiera el cristianismo y que por eso perseguía y asesinaba a los creyentes, cuando tuvo su encuentro con Jesús, su vida cambió de manera radical.

Arrepentido, como suele pasar con toda persona que se deja tocar por el Espíritu Santo, reconoce cuán equivocado estaba al llevar una vida a espalda del Señor, y decide acoger la propuesta de la Buena Nueva de Evangelio. Desde ese momento, dice, “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien Vive en mí,” Gal, 2,20, con esa convicción asume la tarea de evangelizar a todos los pueblos en los que pudo hacer presencia.

San Juan Eudes, sacerdote francés quien vivió entre 1601 y 1680, se apropió de esas palabras, las cuales sumado a su interés de trabajar en la formación de sacerdotes que vivieran el evangelio con nuevo ardor y a pesar de vivir en un época adversa a los temas de fe por los errores de la jerarquía eclesial de la época quienes anteponían a la propuesta del Evangelio sus intereses personales a nivel político y económico, logró crear una pequeña comunidad de evangelizadores que en su ejercicio ministerial combinaban la acción social con el espiritual. Esa pequeña comunidad se conoce hoy como sacerdotes de la Comunidad de Jesús y María, ò padres eudistas, cuya fecha se celebra el 19 de agosto.

Ponemos en manos de Dios a los padres eudistas y a los sacerdotes de todo el mundo y oramos al Señor para crezcan en santidad y amor a Èl.

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