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Una Puerta a la Palabra Diciembre 2018

Con la llegada de Jesús nace la luz en el mundo

Entre los pasajes más significativos del Nuevo Testamento para este período en el cual preparamos la venida de Jesús y celebramos su nacimiento, está uno tomado del cuarto evangelio, que en su comienzo dice: “La palabra era la luz verdadera que ilumina todo hombre viniendo de este mundo” (Jn 1, 9). Y con un no disimulado desconsuelo, el texto continúa: “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció” (Jn 1, 10).

Los dos hechos, tanto el anuncio de que la Palabra de Dios —que se abre de par en par para que nosotros nos podamos sumergir en la auténtica luz—, como el de que no somos capaces de acogerla en el corazón, forman parte de la exploración que el Adviento y la Navidad quieren que nosotros hagamos en este comienzo de año con el ánimo de que demos por fin el paso hacia el encuentro con Jesús en nuestras vidas.

El mensaje nos dice en realidad que si no somos capaces de aceptar la cruz de Jesús, estamos perdiendo la oportunidad de participar en la vida que Él nos da con su Resurrección, de la cual su nacimiento es como un buen aperitivo.

Al cuarto evangelio, que llamamos “de Juan”, lo caracteriza un elevado vuelo. Parece incomprensible y oscuro, pero en realidad su propósito, más que explicarnos un mensaje, es el de tocar directamente nuestra sensibilidad. El escritor, que ha tenido oportunidad de experimentar la luz, quiere que nosotros veamos el mismo paisaje que Dios ve desde lo alto.

Y quiere que lo hagamos sin dejar de pisar la tierra, porque Dios está presente en ella con su poder creador, a través de nosotros, tal como lo hace por medio de Jesús. Las palabras y las actuaciones de Jesús son la narración de la vida de Dios. Él es su Palabra, una Palabra que inventa, que hace cosas nuevas, que crea, que recupera el optimismo y las ganas de vivir.

Por eso se afirma que el mundo es “hecho por ella”. La Palabra de Dios —Jesús— no solo nos habla “de muchas maneras” y nos dice muchas cosas, sino que también nos crea. Si la aceptamos, esto es, si aceptamos a Jesús, seremos creadores con la Palabra, que es luz del mundo.

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