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Una Puerta a la Palabra

Puerta a la Palabra Julio 2015

Una Palabra que sana

 

Una de las más grandes barreras que el hombre pone a la acción de Dios es el orgullo; ese creer que somos más inteligentes, más capaces, más valiosos que todos los que tenemos al lado y, aún más, que somos autosuficientes y no necesitamos a nadie. Aún Dios sale sobrando en nuestra vida porque todo lo podemos lograr según nuestras capacidades. También se expresa el orgullo en la ostentación, en el creer que las cosas que poseemos son las que le dan sentido a la vida y nos hacen felices. Esta actitud nos lleva a atrincherarnos en nuestras posibilidades, a distanciarnos de todo y a establecer muy malas relaciones con todos. Terminamos haciéndonos daño y haciéndole daño a todos aquellos que están cerca. El orgullo nos hace débiles, nos deja a merced de nuestras limitadas posibilidades.

Por eso, el Señor Jesús nace en un pesebre, por eso predica y sana a los pobres y a los rechazados, a aquellos que no tienen un corazón altivo sino que aceptan con humildad su mensaje y abren su ser a la acción de Dios. Con altanería, con prepotencia no se puede conocer a Dios. Un corazón lleno de ego no tiene espacio para Dios. Se necesita humildad, conciencia de nuestras limitaciones para poder abrirle el corazón y dejarlo actuar. Si el sentido de la vida está en las cosas que posees Dios sale sobrando. Sólo quienes entienden que el sentido de la vida va más allá de las posesiones puede tener una relación íntima, intensa, realizadora con Dios.

Leer la Palabra de Dios diariamente nos pone en contacto con el poder transformador de Dios. Él actúe en nuestro corazón y es capaz de liberarnos de todo lo que nos ata y no nos deja crecer. Para leer esa Palabra necesitamos dejar a un lado el orgullo y dejar que Dios actúa. Cada comentario y cada oración es una invitación a abandonarnos en las manos de Dios y dejarlo actuar en nosotros. Ten la certeza de que estar en contacto con la Palabra sanará tu corazón y te hará vivir de manera nueva, pero por favor tienes que dejarlo actuar en tu corazón, con humildad.

Agradezco a los Padres Carlos Alvarez G. cjm y a Jorge Moya cjm por la producción de contenido y seguimos adelante, luchando por ser buenos discípulos del Señor. Gracias y estamos juntos en oración.  

 

Bendiciones

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  • Escrito por
    Padre Alberto Linero
    Vicepresidente Organización Minuto de Dios