Hay experiencias que permanecen demasiado tiempo en nuestro corazón porque lo permitimos. A veces nos acostumbramos a las situaciones tristes y malas y dejamos que se instalen en nuestra vida para siempre. Otras veces creemos que tenemos que sufrir y llorar todo el tiempo por algo que pasó y que nos demostró que habíamos cometido un error. Hay que despejar la vida de todo lo que no aporta y no nos deja crecer ni cuantitativa ni cualitativamente. Hay que sacudirse de las dificultades y de los problemas. La vida es muy linda como para no vivirla con todas las fuerzas y ganas necesarias.  

No podemos dejarnos amilanar por las dificultades que tenemos. No podemos dejar que se acumulen en nosotros decepciones ni aburrimientos. Tenemos que estar siempre dispuestos a dejar pasar lo malo que nos sucede y a abrirnos a las bendiciones que vienen detrás de ello.  

Si hoy estás triste es el momento para liberarte de esa tristeza y ponerte en las manos alegres del Señor. Si hoy estás aburrido es el momento de pensar en cuántas cosas puedes hacer que te generan alegría y placer. Si hoy estás confundido es el momento de parar, reflexionar, y pedirle a Dios discernimiento y tratar de encontrar claridades para seguir actuando.  

Hoy es el momento de que te liberes de todo lo que signifique un lastre y te mantenga esclavizado porque hoy es un día para disfrutar y ser feliz. Y lo haces tomando la decisión de hacerlo, luego buscando formas concretas para hacerlo, y después, disfrutando mientras lo haces.  Así es el proceso.