Un día mientras realizaba una catequesis, uno de los niños me preguntaba cómo eran los ojos de la Virgen María, me pareció una pregunta muy linda e interesante, pues nunca la he visto en persona y pensaba cómo responder aquella pregunta, tal vez, eran azules como el mar y el cielo, por su belleza y pureza, por ser una mujer elegida por Dios para ser madre del salvador. Tal vez, te habías preguntado sobre ello, tal como aquel niño, sobre la imagen o la apariencia física sobre ella. La respuesta la obtuve mientras hacía “la salve”, oración que había aprendido desde muy pequeño mientras mi mamá rezaba el Rosario, desde ese día descubrí siete regalos a nuestra vida por parte de Dios, siete regalos que vamos rezando en cada salve que hacemos, que nos enseñan a conducir nuestra vida, a encomendar cada camino que tomamos.

1.Dios te salve, Reina y Madre de misericordia; son las palabras con las que iniciamos, que nos recuerdan el llamado de Dios, así como Dios llega a visitar la vida de una mujer virgen elegida, llega también a tu vida a anunciarte la salvación y el amor que procede del cielo, viene para llenarte de su Espíritu Santo, Dios viene en la persona de su Hijo Jesús, para anunciar la buena nueva de la salvación y un reino de perdón y misericordia para todos. María es reina, porque fue coronada por Dios, es bendita entre todas las mujeres, por esta razón, la veneramos dentro de la Iglesia por su “si” generoso para Dios, donde su corazón latía en uno solo junto a su Hijo Jesús entregándose por la humanidad. Es una reina dulce, que favorece y ayuda al que lo necesita. María no es quien condena y salva, pero si puedo asegurarte que te puede mostrar el camino para que te alejes del mal y del pecado y mires hacia Dios, hacia el cielo. Y como Madre, se compadece de nuestro dolor y nos abraza junto a su corazón. 2. Vida, dulzura y esperanza nuestra, María nos recuerda el camino de la virtud, un camino de vivencia de la fe, la esperanza y la caridad, nos brinda sus ejemplos para llegar hasta Dios: “hagan lo que él les diga”, su vida es hacer siempre la voluntad de Dios con amor. 3. Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva; el pecado cada día nos aparta de Dios, y el mal va desfigurando lo que somos como seres humanos, María con su sí generoso a Dios, nos da esperanza de ser reconciliados con Dios en la gracia y el amor. 4. A Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas; suspirar es el anhelo ferviente de felicidad y tranquilidad, es el anhelo de un paraíso y una tierra prometida, es la bendición por la luchamos día tras día; gimiendo y llorando, porque sufrimos y nos perdemos cada día del camino del bien, nos perdemos en valles y sombras de muerte, pero Dios viene a consolarnos con su palabra y secar aquellas lagrimas que corren por nuestro rostro en cada situación difícil, Dios viene a mostrarnos su amor y alegría con María, bien lo expreso su Prima Isabel cuando la visitó: “¿cómo es que la madre de mi Señor, viene a mí? 5. Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos y después de este destierro, muéstranos a Jesús. María nos ayuda con Jesús, tal como en aquella boda de Caná que se acabó el vino (cf. Juan 2), ella ruega por nosotros ante el Padre. Es en esta parte donde encontré la respuesta a los ojos de María, ellos son de misericordia, son de amor y de esperanza. Ella siempre nos va a mostrar cuál es el camino hacia Dios y a su Hijo Jesús, por eso, ella no es el fin, María nos acompaña y guía los pasos, la meta es el cielo y el fin su Hijo Jesús, nuestro Señor. 6. Fruto bendito de tu vientre. Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Ella es pura, elegida por Dios para ser virgen y Madre, es la Inmaculada, es clemente y piadosa porque siempre nos enseña a tener la mirada puesta en el amor y en los ojos de Dios. 7. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Cuando se acaban las esperanzas del hombre, María ejemplifica su vida y su historia, para mostrarnos que Dios siempre es nuestra ayuda, que sus promesas siempre se cumplen, que su bendición permanece con nosotros, que somos sus hijos muy amados, que Dios Padre siempre va estar para conducir nuestros pasos.

Y sí, estos son siete gracias que nos enseña María con sus ojos de misericordia y que son regalados por Dios, los ojos de María son de ternura para con toda la humanidad, que muestran que ante la grandeza y santidad de Dios, él nos elige y nos acompaña día tras día, aun en nuestros dolores más profundos. Ella se viste del color de la misericordia, de azul, para enseñarnos a hacer siempre el bien y seguir la voluntad de Dios, a encomendar todos nuestros planes a él y dejarlo actuar en nuestra propia vida por medio de Jesús, y se viste de rojo, para mostrar que Dios es amor siempre y que perdona y abraza al pecador en todo momento, sus ojos son de misericordia.

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