“Se acabó”, son las palabras que he escuchado en muchas circunstancias de mi vida, recuerdo que a mis 20 años las escuché, cuando por muchos motivos pedí algún tiempo para estar fuera del seminario, fue un 28 de diciembre del 2013, en horas de la tarde tomé lo único que me faltaba por empacar en mis maletas, una cruz de madera que estaba en aquella sencilla habitación, y con lágrimas en el rostro tomé cada maleta y mientras recorría por última vez aquellos pacillos, recordaba todos los momentos hermosos que allí había vivido, también, aquellos en los que me sentía solo, en los que no pude ser tan obediente, en los que me tocaba orar de más, en los que compartí con grandes hombres de Dios, frente aquella inmensa puerta de madera mi corazón solo dijo: “se acabó”; aquel día abandoné el lugar en el que había estado por cinco años y que me había enseñado a servir a Dios y a los hermanos, a hacer una opción por los pobres. Y como ese momento, pasé muchos más, cuando tomé unas maletas y abandoné lugares que amaba, como mi casa y mi tierra, en la búsqueda de nuevas oportunidades. Puedo pensar en sueños, proyectos e ideales que se abandonan sin luchar o sencillamente porque perdimos la batalla y antes de morir y para retomar fuerzas, debemos alejarnos. 

¿Cuántas veces te ha tocado renunciar a lo que eres y lo que sueñas? ¿Cuántas veces has perdido las esperanzas en tener una vida mejor? ¿En qué momentos de tu vida escuchas “se acabó? ¿En qué momento dejaste de ser valiente y seguir luchando? ¿En qué momento te rendiste? ¿Desde qué día dejaste de vivir a plenitud? ¿Qué fue aquello que se llevó tu felicidad? ¿Cuándo fue que empacaste aquellas maletas y te fuiste lejos de la amabas? ¿En realidad se acabó?  

Muchas cosas, personas y circunstancias en nuestra vida son pasajeras, es como cuando te subes a bus o un tren y simplemente vas viendo como personas se sientan a tu lado y en algún momento del camino se bajan, pero tú debes continuar el viaje, debes seguir el camino y llegar a tu destino. Lo mismo pasa en nuestra vida, en algunos momentos tenemos que abandonar lugares, cosas o personas, pero el camino a nuestras metas sigue. En algunos momentos puede que hallas escuchado “se acabó”, “todo terminó”, “no puedes”, “hasta aquí pudiste llegar”. Pero, quiero decirte hoy que debemos continuar, debes seguir luchando, porque naciste para ser valiente y para vencer, no puedes dejarte llevar por las circunstancias, debes tener el horizonte en tu vida, y cuando lo pierdas seguir encontrando el camino que debes recorrer, tus sueños no terminan, el camino de la vida es para recorrerlo, y si caes o te equivocas y te duele, es el momento de hacerte mucho más fuerte y continuar. Puede que se acabe esto o aquello, pero tu vida y tu camino siguen, y te paras firme y continuas hasta la meta.