En muchas circunstancias de nuestra vida sentimos la ausencia de Dios, el Dios que, en repetidas ocasiones, afirma que está presente para ayudarnos y alentarnos, que nos invita a confiar en medio de la aflicción, pero nosotros, casi que repetimos las palabras del salmista y que Jesús dijo en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” Un hombre llamado San Juan de la Cruz, expresaba el silencio de Dios, como silencio de amor, donde el amor calla, para hablar desde el corazón que siente y que expresa. Como seres humanos, muchas veces no comprendemos la vida que tenemos, no entendemos el dolor, el obstáculo, la oscuridad, la pérdida. Pero, quiero decirte que todos debemos pasar por allí, la decisión está en tus manos, si quieres quedarte en tu propio dolor y oscuridad o levantarte y seguir; ahora quiero invitarte a confiar en que puedes continuar y que no todo se ha acabado, como bien dicen: “cuando la noche está más oscura, es porque está a punto de amanecer”.

Recuerdo mucho en la Biblia la historia de un hombre llamado José, él tenía 11 hermanos, su padre, Jacob, lo amaba y le manifestaba constantemente su cariño. Pero, a sus hermanos no les agradaba mucho que su padre fuera así, sentían envidia de él, le decían “el soñador”, porque había tenido sueños donde Dios lo bendecía grandemente. Un día, decidieron matarlo, pero no lo hicieron, lo vendieron como esclavo. José llegó a Egipto y de esclavo pasa a ser administrador del Faraón y sus tierras. Y un día, viendo a sus hermanos los perdonó y ellos recibieron parte de su bendición. Desde aquí, es donde puedo afirmar que una acción puede destruir o construir. José nos enseña desde el sueño que se gana, no porque se tiene, sino porque se trabaja, se lucha, porque se es perseverante, donde se confía. Él confió totalmente en los plantes que Dios tenía para su vida y que le había prometido. Confió en medio del dolor y dónde no había respuestas. El problema está en que muchas veces, nos quedamos en la actitud de los hermanos, si José en su corazón tuviera la actitud de ellos, jamás los hubiera perdonado y viviría en medio de su dolor y angustia, estaría sumergido en la amargura, aun cuando tenía la bendición. José supo que no se quedaría en un pozo, ni mucho menos como un esclavo, confiaba en que su bendición estaba próxima a llegar.

¿Desde dónde respondes a tu aflicción? Tal vez das una apuesta a la amargura y desolación y te quedas en la decisión donde todo te salió mal o tienes puesta tu confianza en que puedes salir de donde estás y perdonas, amas y confías. Pero, esta invitación que quiero hacerte hoy es que vayas mucho más allá, es ver desde la visión que nos enseña José, donde nosotros confiamos y Dios actúa, porque cuando ves el propósito de Dios en tu vida, que está contigo en la aflicción y el dolor que vives, tu corazón jamás se rendirá y no vivirá en oscuridad, por el contrario, tu corazón confiará que algo está por pasar, porque bien lo diría la psicóloga de familia, Elizabeth Guerra: “cuando el cielo calla, un milagro se aproxima”. Tu bendición está por llegar, levántate, sé fuerte, ánimo, porque el Dios que ayudó a José a salir de un pozo profundo, que lo sacó de la esclavitud y lo nombró gobernador de todo Egipto, va a darte lo que anhela y desea tu corazón, confía porque él actúa. Podemos sufrir, pero no amargarnos; podemos confiar, porque Dios siempre tiene un plan.