Contemplar y disfrutar.

Contemplar y disfrutar, cualquier paisaje debería llevarnos a perdernos en el cielo azul o aquel firmamento estrellado. Pensar en la vida, en las cosas que vamos realizando y alcanzando aquello que tal vez hemos dejado de lado.  En medio de esa reflexión se debería retomar y acabar esas grandes o pequeñas cosas que se quedaron a la mitad o tan solo en pensamientos.

Contemplar y disfrutar de un amanecer o atardecer también debería llevarnos a disfrutar de la creación del Padre, aquel que pensó en todo. Disfrutar de las montañas, de la brisa que acaricia nuestro cuerpo. Es una bendición del poder sentir y disfrutar de algo tan sencillo, pero grande. Pensemos en el inmenso mar, aquel que también nos lleva a pensar en las mareas, aquellas que se pueden tomar como una metáfora ante los problemas y situaciones complejas, como se puede leer en los Evangelios Jesús calma la marea y todo vuelve a la tranquilidad, como aquel dicho “después de la tormenta llega la calma”. Es bueno reflexionar y analizar aquellas cosas en las que se debe pensar y trabajar para que todo sea más claro.

Si estamos en medio de la ciudad con sus ruidos el corre corre de las personas incluso nosotros mismos por llegar a cumplir algunos compromisos, detengámonos a disfrutar del don de la vida, de las oportunidades, del trabajo y otras tantas cosas que nos regala Dios y de las que tu eres fiel testigo, en que nunca te ha dejado solo.

Contemplemos las altas montañas aquellas que también se mencionan en la Palabra de Dios, en las que se sube al monte para tener un encuentro, si recordamos Jesús se apartaba a orar, a tener ese acercamiento al Padre, aquel que lo escucha y lo guía por el camino.

Contemplar y disfrutar también es una buena excusa para acercarnos en oración, de acércanos cara a cara a Dios, de sentir su amor, un amor profundo que tiene y expresa desbordantemente por cada uno de nosotros, si hay dudas o mil preguntas en ese momento de soledad es bueno desarmar el corazón y contarle tu vida al Padre que te recibe con sus brazos abiertos, por que eres su hijo y también, aquel amigo fiel. 

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