Hace algunos días tenía una cita médica de control, el médico me decía e insistía que no podía olvidar el ejercicio diario, pues ayudaría mucho a mi salud con una buena alimentación, y pensaba en la voluntad que debía tener para realizarlo todos los días, pues lo hago esporádicamente. Después de la cita médica, busque en algunas páginas el valor y la importancia del ejercicio, pues siento que algunos lo realizan pensando es en mejorar su apariencia física y no para mejorar su salud; en la búsqueda encontraba insistentemente que ayudaba a reducir el riesgo de desarrollar algunas enfermedades y que ayudaba al cuerpo a mantener un peso saludable. Mientras caminaba a mi trabajo pensaba en cómo lograr hacer una rutina diaria de ejercicios y qué era lo importante para poder realizarlo en medio de tantas actividades, se me vino a la mente la misma manera en cómo había logrado ejercitar mi espiritualidad, inmediatamente pensaba en aquellas personas que trabajan duro para llegar a las olimpíadas y ganar una medalla. 

En muchos momentos creemos que la espiritualidad es algo obsoleto, pasado de moda, como aquello que no logra aportar mucho a la persona y que le hace perder su horizonte, creando máscaras de lo que es en realidad. Eso mismo podemos pensar al ejercitarnos, tal vez, podemos hacerlo por moda o simplemente para tener un cuerpo escultural, o simplemente, como aquello que poco puede aportar. Pero, no es así; el ejercicio tiene muchos beneficios para la vida, especialmente para la salud, y hoy quiero invitarte a que así como cuidas tu cuerpo y te preocupas cada día por él, que recuerdes ejercitar su espiritualidad, un camino que te dará luz, tranquilidad y fuerza; sus beneficios son grandes, pues ayuda a prevenir las enfermedades del corazón, como el odio, el egoísmo, la violencia, etc. Te construye y te da la capacidad de ver más allá, a trascender y estar en el ámbito de la fe y la esperanza. 

Puedes decirme como aquel joven de catequesis: “O sea profe, nada que ver eso conmigo”, refiriéndose a la importancia de ejercitar el espíritu, por eso tengo que afirmar como Alberto Linero: “la espiritualidad no es un negocio”, o diría simplemente, no es un camino idealista de vida. En momentos creemos que la espiritualidad es el camino que se construye para olvidar nuestra humanidad y pensar en mundos y circunstancias ajenas a las que podemos vivir, porque se elevan los valores humanos, y pues no es así, la espiritualidad debe reforzar lo que somos como hombres y mujeres, aquello que podemos también llegar a hacer, buscar nuevos horizontes y caminos, basados en el amor y la misericordia. Aquí es donde no entiendo a aquellos que creemos ser espirituales, pero no somos capaz de vivir en comunidad, aceptar al que piensa diferente, y somos egoístas y promotores de violencia y odios, vengativos, eso no es ser espiritual, quien lo es, es aquel que es capaz de ser generoso, de unir en el amor y la fraternidad, de tener paciencia y ser feliz. 

¿Cómo puedes ejercitar tu espiritualidad? Un santo de la Iglesia llamado San Ignacio nos da pautas para ello. 1. Buscar espacios en los cuales se pueda tener una reflexión y vínculo con Dios a través de ella, es buscar aquellos momentos para descansar, lugares donde podemos entrar en nosotros mismos y encontrar al Dios que vive con nosotros. 2. Disponer el alma, que sea dócil a encontrarse a Dios, ser capaz de dejar aquellos apegos que se tienen y encontrar nuevos caminos. 3. Examinar la conciencia, reflexionar sobre aquellos aspectos de nuestra vida que deben mejorar y que deben dejarse de lado para estar en tranquilidad y obtener la felicidad, es dejar esos sentimientos de odio y de venganza y buscar el perdón y la generosidad por medio de la caridad. 4. Tener presente que la Palabra de Dios y la oración son un buen camino, por el cual somos ayudados en nuestras dificultades y necesidades, ayudados en aquellos momentos que nuestra humanidad no logra actuar y no sabe a dónde ir, Dios muestra el camino al irse revelando a través de ellas. 5. Ser perseverante, es un camino que se debe recorrer día tras día. Si realizas ello, podrás ganar la medalla en oro, una que no pasa, es la salvación, y sube al podio del cielo.