Hace poco en oración leía y escucha un fragmento de la Biblia en el profeta Jeremías, donde denunciaba cómo el pueblo de Dios se había alejado de sus mandatos, el profeta tomaba la figura de una mujer que es tomada como esposa, pero luego va en busca de otros amores y pasiones, una mujer que es infiel y se olvida de las promesas y votos que un día le hicieron; esta figura es puesta de contexto para expresar aquel amor con el cual Dios había elegido a su pueblo, pero aun así, se habían olvidado de las promesas y los memoriales que Dios había pactado con cada uno de ellos, especialmente cómo les había dado una tierra en propiedad y los bendecía con los mejores frutos de la tierra, cómo les perdonaba sus maldades y les seguía amando hasta el extremo. De lo anterior, puedo afirmar con certeza que es nuestra historia, una historia de amor y de infidelidad, un amor de Dios que nos mantiene y perdona, que tiene compasión y misericordia, un amor que acompaña y que promete fidelidad para siempre, pero está el reverso del amor y es nuestra infidelidad, es nuestro desamor y desprecio, porque abandonamos el amor, abandonamos a Dios, y puede que digas “nunca le abandonaría”, “nunca podría ser infiel”, pero puedo asegurar que en algunos actos abandonas a Dios, olvidas su amor y misericordia y quedamos como Pedro, prometiendo fidelidad y abandono, cuando no somos capaz de soltar lo que somos y tenemos y abandonarnos a su voluntad, porque cuando llega el momento de la desolación, de la enfermedad, del sufrimiento, queremos abandonar el camino, reclamamos, reprochamos, criticamos los planes, etc. Pero, recuerda que cuando Dios te pide es porque eres capaz de dar más de ello, pues menciona en su Palabra: “mi gracia te basta” (2 Corintios 12,9). 

Esta es una oportunidad para pensar en lo que eres, en pensar en aquellas obras de Dios, esas que te mantienen y que te han bendecido todos los días de tu vida, a ver aquella luz que cada mañana entra en tu vida, aquella gracia que desciende para darte mucho más de lo que necesitas o mereces, una bondad y fidelidad que perdura todos los días. Y te invito, porque lastimosamente abandonamos la obra de Dios por el vaciamiento de nuestro poco y miserable amor, porque caminamos detrás de la vaciedad de la vida, porque abandonamos la gloria y la bendición por nada, aquí que te invite, si siente la nada en tu vida o un vacío en el corazón, abandónate en sus manos, ve hasta la fuente de la vida, ve y camina junto a Dios. Pero, hacemos lo contrario, corremos detrás de otros amantes, amantes de una vida ligera y superficial, por eso es que nada llena de lo que somos y hacemos, por más que luches y te esfuerces, por más que corras, alcances, por más que trabajes y alcances títulos, y te digo con certeza, algo te falta, tienes sed, sí, te falta Dios. Ensancha tu corazón al amor importado desde el cielo, clama a Dios, vuelve a tu amor, enamórate nuevamente de aquel amor que te ha amado desde siempre, recuerda los memoriales de Dios.