Para un Israelita era muy importante la montaña, pues era el lugar del encuentro con Dios, por ser lo más cercano al cielo, allí era donde él se manifestaba y mostraba su voluntad, así el hombre o la mujer hacían un recorrido de ascender a lo más alto para hablar con Dios y tener un encuentro personal e íntimo con él. Ello es la oración, un ascender hasta Dios, buscar espacios concretos para relacionarnos con él y dejar que actúe en nuestra propia vida y la de los hermanos. Es hacer nuestro el mandamiento más importante: “amar a Dios con todo”. ¿Será que un amante puede pedir más? Todos necesitamos un amor real, y el amor de Dios va a todo lo que tú eres, por eso es necesario ir hasta el corazón de Dios y la llave que abre ese corazón es la oración, pues ella nos acerca para estar en intimidad con él y experimentar ese Dios de misericordia y de consuelo, la oración abre la puerta al océano inmenso de la bondad de Dios, nos regresa al paraíso que hemos perdido por el pecado y la maldad.

Un día escuchaba a la Madre Gabriela del amor, fundadora de las Comunicadoras eucarísticas, que decía: “solo la oración que sale del corazón del hombre, llega al corazón de Dios”, es hermoso, porque todas nuestras plegarias suben al cielo, pero llegan al corazón de Dios cuando las hacemos con amor, el mismo que de él hemos recibido, es decir, hacer una oración no por repetir algo ya formulado, sino que cuando lo hagas, realmente tu corazón sienta que dialogas con Dios, porque como lo dice el libro teología de la perfección cristiana: «la oración es la elevación del alma y del corazón hacia Dios, es un dulce e intimo coloquio con aquel con el cual sabemos que nos ama y nos escucha siempre”. Muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a hacer de la oración un cd rallado, porque repetimos sin conciencia y encuentro, es decir, repetimos y repetimos, pero no nos esforzamos por encontrarnos con el misterio de amor, con Dios que es el amor, por eso tengo que decir que nuestra oración en muchos momentos no es atendida porque no es oración, ha sido una repetición y un ejercicio sin amor y conciencia. Tu oración ha de ser de abandono, es decir, dejar que Dios actúe en tu vida, dejar que te abrace, te ame y te consuele.

Un día, les decía a los niños de catequesis que la oración es una antesala del cielo, que con ella podemos degustar lo que es Dios, conocer el amor, pero uno de ellos me afirmó: “si es como cuando en mi casa se hace oración, no quiero… porque mi abuela y mi mamá siempre se duermen y yo me aburro mucho”. Y es verdad, en algunos casos nuestra oración no es dinámica, ni mucho menos activa, a veces no dejamos que Dios hable a nuestro corazón, esperamos sus respuestas, pero estamos acostumbrados a hacer de la oración un hablar y hablar, pedir y pedir, y no dejamos que la voz de Dios se escuche en nuestro corazón. Por eso la oración, es dialogo, pero también, es silencio, meditación y contemplación, es como lo menciona la Biblia “un entrar en la habitación, cerrar la puerta y orar al Padre que ve en lo secreto”, es decir, entrar en nuestro interior con fe y confianza, es un abrir el corazón y no permitir que alguna cosa o alguien nos distraiga de ese momento, es que a veces estamos orando y pensamos en lo que tenemos que hacer seguido de ello, no hay concentración. Ahí, es la oportunidad para que eso que piensas se vuelva oración, si estás pensando en la cena, da gracias a Dios por tus alimentos y encomienda la vida de aquellos que pasan hambre y necesidad, allí nuestra distracción no nos aparta de encontrarnos con Dios, por el contrario, se vuelve diálogo, se vuelve oración.

Te quiero invitar para que saques de tu tiempo y espacio para Dios, habla con él, si no sabes cómo hacerlo, solo permanece en silencio y deja que él obre en tu vida, abre tus manos al cielo y recibe la bendición de Dios para tu vida, si estás cansado, pon tu vida en oración en las manos de Dios, te dará el descanso, si sientes que no está a tu lado, recuerda que en ese momento te lleva en sus brazos, si crees que no te escucha, recuerda que los mejores abrazos se dan desde el silencio y que cuando la noche es más oscura y tenebrosa, es porque está apunto de amanecer. No saques excusas para la oración, porque tu vida puede ser un agradar a Dios y un coloquio íntimo con aquel que nos escucha, recuerda que la oración es la lleve que abre el corazón de Dios.