Llevó tus cargas

Hace poco se inició un tiempo en la Iglesia llamado «cuaresma», un tiempo en que se invita a vivir en la reconciliación, en la misericordia, un tiempo de perdón y de encuentro con Dios, es e tiempo en que el cristiano va a al desierto para recordar la elección de Dios, para reconocerse necesitado de la bondad de Dios. El desierto, es el tiempo para recordar tu fragilidad, tus necesidades, tus muertes y la necesidad de una vida nueva en el Señor. En el desierto se pueden tener muchas experiencias, pero en la espiritualidad y este tiempo tiene un propósito: «le llevaré al desierto, le voy a seducir y le hablaré al corazón» (cf. Oseas 2,16). Es el querer de Dios contigo, tener una experiencia de amor y donde te recuerda toda su bondad y que en medio de la vida que llevas, siempre ha estado contigo.

Cuando pienso en el desierto, puedo imaginar la tentación, la sed, la bendición de un pueblo alimentado, el calor y el sofoco, la alianza de Dios con su pueblo, la muerte y el pecado, pero ante todo, el caminar de una pueblo hacia una tierra prometida; son muchas, pero el desierto es una, caminas, porque Dios te sacó de la opresión, y te pone en el desierto para darte la bendición de una tierra. Lastimosamente, caminamos sin propósitos y horizontes, sentimos que fuimos puestas en la vida por el azar y que la dificultad que hoy pasamos es un castigo y nos quejamos y murmuramos, tal como lo hizo el pueblo de Israel cuando estaban en él, pues preferimos quedarnos en la superficialidad de la vida, en el día a día, sin esperanza de un mañana, queremos quedarnos como esclavos en una tierra y bendición que no nos pertenece.

Este es el día para que te levante y camines, porque tu desierto es un propósito, porque Dios quiere hablarte por medio de él, porque te conduce a la bendición que necesitas, porque sencillamente, esas cargas que crees que llevas solo o sola, Dios ya las llevó por ti, pues lo dice Isaías: «con todo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, nuestros pecados los que él cargaba, lo vimos herido de Dios y humillado» y todo ello, lo hizo por tu y por mi, porque nos ama y quiere expresar todo ese amor, desde su palabra la acción misma de una cruz, una cruz que se tiñe con la sangre redentora del hijo de Dios, sangre, no me machos cabríos, sino la de un cordero inmolado por todos, sacrificado en amor y entregado por la salvación de nuestros pecados.

Y con todo ello ¿sigues siendo igual y murmurando de Dios y su propósito de bendición? Dios ya aceptó el sufrir por ti y te dio salvación y te da ahora la vida en abundancia, una vida con sentido, te devuelve la felicidad que perdiste, el sentido de la vida, te da la bendición que tanto buscas, él es nuestra victoria, es nuestra pascua, es el Señor, es el amor hecho cruz por ti y por mi.

Compartir
Deja un comentario

Tu dirección email no será publicada. Los campos requeridos están marcados *