Se cuenta que la seguridad de una persona se desarrolla cuando desde su infancia es muy amada, aceptada y valorada por su familia y las personas de su entorno; esta seguridad tiene un antivalor y es el miedo, el cual, hemos pasado tu y yo en muchos momentos, sentimos esa perturbación angustiosa en el ánimo, ello ante un peligro o también, algo imaginario. El miedo muchas veces nos deja en un estado de quietud y de imposibilidad de movimiento y dinamismo en nuestra vida, por eso, se debe prestar mucha atención, pues puede hasta ahogar nuestro éxito y los sueños que se tienen, porque permanecer en el miedo es estancarse, forma en nuestro pensamiento una serie de condiciones negativas que imposibilitan actuar; el miedo crea un aspecto mental de inferioridad y de poco valor por la vida, dejando de lado la lucha y el valor, ideas y sentimientos positivos, condiciona nuestra propia seguridad. 

Tal vez has escuchado aquella frase tan coloquial: “no hagas esto o aquello porque te llevará el coco”, palabras que me dijeron mis familiares en algunas oportunidades, no sé por qué me imaginaba el coco como aquel personaje oscuro, vestido de negro y con sobrero de copa, que cuando era desobediente vendría en una noche y me apartaría de lo que más quería, estar con mi familia. Cuando fui creciendo, temía estar solo, aun en estos tiempos me da mucho miedo la oscuridad, tanto así que en mi habitación siempre tengo una luz; también, tenía miedo equivocarme, que me rechazaran, a la muerte, hacer el ridículo en el colegio o la calle, tenía miedo a fracasar; hasta que aprendí a quererme a mí mismo, donde pude ver la belleza de un cielo estrellado cada noche, con la luna que se pone en lo más alto, esos días dejo que su luz entre por las hendijas de mi ventana, comprendí que en muchos momentos podía equivocarme, pero debía pararme y continuar, que si me rechazaban debía creer en lo que tenía y lo que yo era como persona, que la muerte no es el final, que es el comienzo de algo mucho más grande y de una vida a plenitud, y por supuesto, aprendí que no hay ridículo cuando aprendí a reírme de mi mismo, y frente al fracaso, que siempre hay que intentar por lo que soñamos, sino me hubiera arriesgado un día a salir de casa y después llegar a la gran ciudad de Bogotá abandonado en las manos de Dios, nunca hubiera llegado a hacer lo que soy hoy.  

En la Biblia, Dios hace una invitación constante al hombre a “no tener miedo”, y lo hace de tal forma que dice que es nuestro ayudador, guardián, príncipe, guerrero, salvador, Mesías, el camino, la vida, la luz, el buen pastor, etc., ello para darnos la fuerza necesaria que necesitamos para continuar nuestro día a día. Se cuenta que en la Biblia aparase la expresión “no temas” o “no tengas miedo” 365 veces, ello es porque Dios nos invita que cada día de nuestra vida a no tener miedo y dejarnos vencer, porque nos priva de lo que somos y podemos llegar a ser. No tengas miedo en arriesgar, en ser quien quieres ser, no tengas miedo, solo confía en lo que eres, confía en Dios y todo será ganancia y felicidad.