Un día, Dios suscito dentro del pueblo de Israel a un profeta llamado Jonás, pero recuerdo que este no quería aceptar su misión, porque tenía que ir a un pueblo que no quería aceptar su mensaje, a más bien, el mensaje de Dios, un mensaje que era de exigencia, pero un camino de felicidad, aun así, preferían estar con otros dioses y vivir de la superficialidad de la vida. Por más que Jonás rechazaba su misión, Dios lo ponía en lugares para predicar, lo seguía llamando y buscando. Jonás, trató de esconderse de Dios. Pero, aun así, Dios tomó su vida para convertir a un pueblo que estaba aparta de su amor, un pueblo que andaba perdido.  

En momentos me siento como Jonás, me desanimo al predicar un mensaje que es rechazado, predicar un mensaje contra corrientes, mejor sería dejarse llevar por la corriente y no presentar problemas, que todo fuera fácil; hay días es que solo quiero guardar silencio ante la injusticia y el dolor, ante los corazones duros y superficiales, ante peticiones y oraciones que se hacen de forma vacías. Un mensaje que en muchos momentos me han dicho que no predique porque sencillamente todo es obsoleto y no se necesita, que es una tarea vana y siglos pasados, llevando un mensaje de un Dios que fue historia. Pero, siempre hay algo dentro de mi que me impulsa a continuar, como si Dios llamara y diera la valentía para anunciar su mensaje, pues este no me pertenece, así que tomo el rumbo contracorriente de lo que el mundo dice, y predico un mensaje de amor, de comunión, esperanza y fe.  

Por anunciar este mensaje, he tenido muchas dificultades, envidias, soledad, angustias, desánimos, señalamientos, tanto así, que por anunciar la verdad y la veracidad de un mensaje evangélico, en mi trabajo tengo que callar en muchas circunstancias ante las personas que quieren tener a Dios como aquel que solo está para dar, en relación comercial, en el cual, se dona y se está en la obligación de exigir a Dios algunas intenciones que no son coherentes con la fe y la voluntad de Dios. No puedo levantar la voz, cuando exijo amor y servicio por el pobre y el olvidado, soy criticado, cuando se tiene en cuenta al que más da y es importante, pero ¿y los pobres del señor? ¿No pueden ser tenidos en cuenta? Este mensaje es rechazado, yo soy rechazado, pero Dios da la gracia para anunciar un mensaje, porque su palabra se gesta desde el amor de alguien que está dispuesto a amar. Hoy puedo decirte, no dejes de anunciar el amor que te ha amado, anuncia, porque alguien necesita escuchar ese mensaje y aceptar a Cristo, recuerda que puedes ser rechazado, pero tendrás una felicidad inmensa porque cumples con tu misión de ser embajador de Cristo y de su evangelio.