Hace poco recibí una llamada, donde una Señora pedía oración por su familia, me decía que le estaba pidiendo a Dios una bendición especial, que parecía que él no escucha sus oraciones, que lo hiciéramos nosotros que estábamos más cerca de Dios. Mencionaba constantemente que había subido varias veces a Monserrate, un santuario que queda en una montaña alta en la ciudad de Bogotá, que subía las escaleras rezando el rosario esperando recibir de Dios su bendición. Me quedé pesando mucho en aquella mujer y reflexiona de cómo en diversas circunstancias nuestra fe y la relación con Dios, se convierte como en una moneda de cambio y ganancia de un producto, donde puedo pagar y recibo algo que quiero, una relación comercial, donde pido y espero por obligación recibir. No puedo negar, que en muchas circunstancias también soy como aquella mujer, hago mi oración esperando retribución de Dios, cuando debería ser un encuentro y un coloquio de amor con aquel que sabemos que nos escucha siempre.  

Nuestra oración y relación con Dios no puede ser manejada de manera comercial, porque creemos que Dios debe realizar y cumplir puntualmente todo lo que pedimos y sino lo hace, pensamos que está muy ocupado resolviendo otros asuntos, o sencillamente como dicen en mi tierra: “se hizo el de la oreja mocha”, es decir, que no prestó atención a lo que se está pidiendo cuando se está orando. Dios no puede ser aquel bombero que es solicitado y llega en el momento que hay fuego y está por destruirse todo lo que tienes, él es mucho más, pues está contigo en todo momento de tu vida, hasta cuando le das la espalda, camina detrás de ti, nunca te deja solo. No sé si el trueque funcione con Dios, cuando se intercambia, le oro y le alabo y él me da lo que necesito, no tendría sentido alguno relacionarnos con él, siento que es una relación muy interesada; es diferente, cuando la relación con Dios está marcada y fundamentada por el amor y la misericordia, porque no hay interés, hay solamente la espera de un encuentro apasionado. Es como aquel primer momento de enamoramiento, cuando se hace todo lo posible por estar con aquella persona, se llevaba chocolates y sin esperar nada a cambio, solo se desea estar allí, una noche conversando lo sucedido en el día o solamente, tomados de las manos mirando el cielo y mirándose el uno al otro. Es bello cuando una relación es así y es más bello, cuando logramos tener una relación con Dios en amor, en espera de un encuentro con el amado que abraza y consuela, que ama hasta el extremo y acompaña, que bendice y escucha en todo momento, que toma lo poco o nada que somos y lo hace todo para él.  

Hagamos un trueque el día de hoy, no con nuestra oración o relación con Dios, cambia esas prácticas vacías y sin sentido de tu espiritualidad, deja que Dios obre en tu vida, encuentra al Dios que te ama desde la eternidad, que te acepta y te bendice todos los días de tu existencia, abre tu corazón al que te ama sin esperar nada a cambio, vive la misericordia y el amor que viene del cielo a tu vida. Sé que si cambias cada uno de esas cosas, tendrá sentido tu oración y Dios obrará cosas maravillosas en tu vida.