En muchos momentos de nuestra vida tenemos grandes dificultades o errores en donde no sabemos qué hacer y se vuelve monótona o tal vez, en algunas circunstancias creemos que no tiene ningún sentido lo que realizamos o aquello que tenemos no llena lo que somos, necesitamos algo que nos muestre que podamos estar realizados como personas. A veces, nos quedamos en el dolor o la dificultad que estamos pasando, queremos quitarla de nuestra vida, pero como ya lo he mencionado en otras oportunidades, el dolor y la dificultad deben ser una puerta de apertura y transición para algo nuevo, para crecer y mejorar, para alcanzar nuevas metas. No quiero imaginar a un deportista rindiéndose a mitad de camino, tal vez, porque no pudo obtener uno de sus primeros puestos, por el contrario, sigue en la lucha y se esfuerza y continua.

Hay hombre en la biblia, era un gran pescador, de gran carácter y autoridad, un día mientras Jesús camina por Galilea vio a este gran hombre y le invitó a estar con él, su nombre era Simón, este dejó todo y empezó a ser discípulo de Jesús. Un día, tuvo un dialogo con él y le cambió el nombre de Simón por Pedro, que significa Piedra, cimiento. También, tiempo después, se cuenta que había un hombre que perseguía a los seguidores de Jesús y a quienes hablaban de él, y mientras caminaba a Damasco se encontró con Jesús, se le apareció por su camino, era conocido como Saulo o también, como Pablo, que de perseguidor de cristianos, empezó a predicar valientemente de Cristo, era un hombre fuerte, valiente y gran predicador. Estos dos personajes ahora son conocidos en la Iglesia como los dos pilares de esta, donde se levanta y se edifica toda la evangelización y el anuncio del reino de Dios.

A pesar de estos ser elegidos por el mismo Jesús que les invitó a una nueva vida, se equivocaron, cometieron errores, Pedro lo negó y lo dejó solo a la hora del dolor de la cruz, se quedó como un expectante más, cuando había prometido ir con él hasta el final. Pablo, por su parte, siendo perseguidor de los cristianos, vigilaba y supervisaba la ejecución de un joven llamado Esteban, servidor del evangelio. De estos dos personajes de la historia bíblica y del nacimiento de la Iglesia, puedo asegurar que hicieron de sus errores, de su dolor, miedos y temores, una oportunidad para dar un salto por la vida, por la felicidad, por la conversión, se dieron la oportunidad de perdonar y amar, porque aprendieron en medio de la dificultad. Sus caminos no fueron fáciles, mucho menos su vida, pues terminaron dándola por el evangelio, por Jesús, por sus hermanos, por su Iglesia, no fue cómodo llevar una vida siendo perseguidos, pero si puedo asegurar que todo ello, les dio la fortaleza para continuar su misión y su nueva vida, viviendo a plenitud.

¿Sabes que lo mismo que Jesús hizo con Pedro y Pablo, lo hace en tu vida? No somos los más famosos de la historia, ni mucho menos los más capacitados y mejores de la sociedad, pero Jesús se fijó en ti. En momento no sé qué ve en mi vida, pues un día me llamó como a Pedro y como a Pablo y me invitó a ser parte de su discipulado. Lo mismo hace contigo, te llama y te invita a vida en plenitud, una vida nueva que va más allá de la simplicidad, pues encontrarás una propuesta de vida a plenitud, de felicidad y un amor que va hasta el extremo, una misericordia que perdona y te abraza. A Jesús no le importan cuantos títulos puedas tener, pero si le importas, eres muy importante para él. Puedo asegurarte que si haces de tu vida y tus dificultades una oportunidad podrás emprender un camino de felicidad, tranquilidad y realización, pero si te lamentas y te quedas en tu dolor, todo será vacío y oscuridad total, permite que tus dificultades sean oportunidad de bendición y de una vida nueva.

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