El relato de la creación en el Libro del Génesis, me va a recordar mucho la grandeza y la bondad de Dios, una generosidad de su corazón, pues en este sentido fue escrito, es un deseo catequético de mostrar al pueblo, el deseo del corazón de Dios y el amor manifiesto en toda la creación, pues todo nos lo da en amor y generosidad, tanto que cuando el Génesis dice que el hombre y la mujer son expulsados del Paraíso, Dios toma unos trajes y los viste, porque aún en nuestro más profundo pecado y malas decisiones, Dios nos toma y nos sigue guardando en amor. Este es uno de los más grandes atributos de Dios, es bondadoso, y fácilmente podemos entender ello, porque nosotros podemos llegar a serlo con el hermano que está a nuestro lado, o por el contrario, ser hombres y mujeres egoístas sumergidos en el propio interés. Decía un Santo de la Iglesia que Dios nos participa de su gracia, nos da de lo que él es, que su huella ha sido puesta en nuestro interior, por eso no entiendo en qué momento, es que perdemos el horizonte de la generosidad y bondad para con nuestro semejante, pues se pierden los actos de amor que deben primar en nuestra vida cotidiana.

Te quiero invitar a que te atrevas a ser bondadoso, porque desde allí fuimos creados, a actuar y dar desde el corazón, porque fuimos hechos desde el mismo corazón de Dios, porque estamos capacitados a realizar actos de amor con los demás. La bondad es un sentimiento que nos lleva y nos acerca a la felicidad y es capaz de alejarnos de la maldad y del egoísmo, esta es una tendencia natural a realizar el bien, con una profunda empatía y compresión de las necesidades y de las personas. Ella se realiza cuando empezamos a seguir los pasos y las actitudes de Jesús, pues somos capaz de donarnos hasta el extremo, donde hacemos espacio para la compasión y la ayuda, para el consuelo y el perdón. Podemos recordar, cuando los evangelios mencionan cada acto de amor de Jesús con el hombre, cuando tomaba a la persona y sin importar su condición le ayudaba en sus necesidades, les sanaba, perdonaba y les devolvía la dignidad que el mundo y la sociedad les había quitado; Jesús los tomaba y les levantaba de dónde estaban; tanta es su bondad por la humanidad que aceptó entregarse y rescatar del pecado al hombre desde el dolor de una cruz, una cruz en la que logró expresar el amor hasta el extremo, una misericordia que no termina.

En nuestros días debemos ser más sensibles y reconocer que aquel que está a nuestro lado necesita de nosotros, necesita consuelo, necesita recibir amor verdadero. Una persona que practica la bondad y es capaz de donarse, es buena, benévola, mantiene una buena relación con amabilidad y comprensión, es capaz de construir una buena sociedad, tiene una buena disposición para promover el bien del otro, hace suyo el dolor y la necesidad del que sufre y da desde su propio corazón con generosidad, sus prácticas son de verdad y no por apariencia o por ser visto o reconocido entre la multitud y los suyos. El que se dona en bondad es capaz de tener actos de verdadero amor, no superficiales y vacíos. Que tus actos siempre vayan acompañamos de amor, compasión y de generosidad, recuerda que Dios lo dispuso todo para ti y en gran bendición y que en algunos momentos la persona que está a tu lado te necesita, necesita de tu generoso y bondadoso corazón.              

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