Sintonicemos a

Colombia

con Dios

“¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde (…) Muero por defender los derechos de mi patria”. Fueron unas de las últimas palabras de Policarpa Salavarrieta Ríos, más conocida como “la Pola”, una mañana del 14 de noviembre de 1817.

Desde muy joven me ha llamado la atención las palabras de la Pola, una mujer conocida por su valentía y honor, que se atreve a llamar a su pueblo “indolente”, un pueblo que no es capaz de conmoverse por el dolor y sufrimiento, o sencillamente una persona que tiene pereza y falta de voluntad para realizar alguna cosa y en este caso, es el pueblo que no hace propia una lucha por la libertad. Es importante reconocer que pertenecemos a un gran País llamado Colombia, que ha pasado por diferentes situaciones y que sigue sufriendo la guerra y la violencia, donde el pueblo de una u otra forma, sigue siendo oprimido. En esta oportunidad es importante recocer el valor de lo que somos una nación, un pueblo que camina y lucha por seguir y continuar, aun en las profundas heridas abiertas que se tienen por la violencia y el odio del corazón en el hombre.

Dios nos regaló la vida y esta gran tierra llena de paisajes hermosos, de grandes y radiantes colores, llena de mucha fauna y flora, donde su bandera se pinta en el cielo en un atardecer, su amarillo nos muestra la alegría y el calor de cada colombiano, que es feliz y cercano, que es capaz de sonreír aun en los mementos más difíciles, que es capaz de celebrar en cada acontecimiento por sencillo que sea, que tiene fiesta para cada momento, el amarillo es la inteligencia en su labor cotidiana, es el empeño de querer ser un mejor pueblo que es capaz de actuar en justicia para todos. El azul, que es la frescura y la estabilidad, nos da paso, para ser orgullosos de lo que somos y de lo que tenemos, de cuidar cada parte en dónde estamos, es la inmensidad de nuestro sentir, es una lucha por la transparencia, es el recorrido de cada rio que fluye llega hasta el Océano, es el colombiano que cada día quiere crecer en dignidad y generosidad. Y el rojo, representa la lucha y la dificultad que cada día se vive ante nosotros, es el dolor del querer un mejor país, es la sangre de aquellos que lucharon y que siguen haciendo por la libertad de la nación, por la paz y la unión, por la defensa de los derechos humanos.

En nuestros días tenemos que seguir pintando esta bandera con nuestra propia vida, tenemos que tener la felicidad que brinda nuestra nación en una lucha por construir y unirnos como País y como una sola nación para crecer y perdonar, para dejar de una lado la violencia y tener empatía y compasión; tenemos que seguir luchando por ser transparentes y no dejarnos llevar por la corrupción del corazón y por los intereses particulares que deshumanizan; debemos tomar el amor como signo de lucha y de comprensión, de respeto y de construcción de persona en derechos y deberes. Sintoniza a Colombia con Dios, porque el creador que pintó y plasmó esta bella nación, pintara en tu corazón sonidos de alegría, honestidad y de amor, para que hagas con los tuyos y con el que está a tu lado, una sola nación en libertad, respeto y comprensión. Feliz día de la Independencia.

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