Como personas, estamos llamados a practicar la virtud, aquella disposición que tenemos y realizamos de manera habitual para hacer el bien, es la que nos permite realizar actos buenos, y también, dar lo mejor de sí para todo lo que se realiza en la cotidianidad. Un filósofo llamado Aristóteles invitaba a uno de sus estudiantes, que sería el futuro Alejandro Magno, que la virtud se conseguía en la delgada línea entre el orgullo y la valentía, allí es donde se encuentra la virtud, el buen obrar, pero para alcanzar una práctica virtuosa en la vida, se es necesario ser valiente, esforzaste cada día por alcanzar un grado y un recorrido del buen obrar; por esta razón, es que la fortaleza es considerada como una gran virtud. En la antigüedad, los reinos construían grandes fortalezas para defensa y protección de otros reinos que querían invadir, estas fortalezas eran de mucha seguridad, garantizando el bienestar de todos los habitantes del reino. Puedes imaginar con claridad que tú eres ese castillo, que tu vida es un reino, y debes proteger lo que eres y lo que tienes, para ello debes construir grandes fortalezas para que nada pueda atentar contra lo que eres y lo que tienes, aquellas cosas que dan forma a tu vida, el bienestar de los que están a tu lado y la tranquilidad en lo que realizas. 

La fortaleza, es ser valiente, tener coraje y firmeza, todo ello, frente a los ataques y desalientos que podemos vivir en el transcurso de días complicados o difíciles, ante el peligro o la enfermedad, ante el dolor y la angustia; aquí es donde la fortaleza se manifiesta como resistencia, es la virtud de la fuerza, que no solo es física, sino que también es aquella interior. Por esta razón, la fortaleza no es realizar actos sobrehumanos, se trata de realizar esfuerzos cotidianos, donde poco a poco con cada ladrillo construyes una gran fortaleza, donde con cada acto de bondad y de generosidad eres capaz de vivir tu vida en fortaleza, haciéndote cargo de ti mismo, de compartir con los otros sin miedo y ante todo, disfrutar de lo que eres, también, si realizas tus responsabilidades cotidianas aunque cuesten o den pereza o te cansen, es donde te vas haciendo fuerte, porque estás luchando, así en las grandes dificultades de la vida, vas a saber afrontarlas sin miedo y sin debilidad.  

¿Cómo obtener la fortaleza? Quiero invitarte a que la hagas parte de tu vida, para que seas una persona en bendición y felicidad, por eso para obtenerla 1. Vive a plenitud lo que eres y lo que tienes y centra el esfuerzo en un punto, para que se llegue metas y sueños propuestos o vencer aquella dificultad por la que pasas. 2. No te conformes, en momentos como obtenemos poco, nos quedamos con ello, y no seguimos luchando, se necesita continuar y ser perseverante y constante. 3. Pide a Dios la fortaleza que necesitas, él es nuestra fortaleza y defensor, es capaz de darnos lo que necesitamos y nos hace falta para afrontar el camino y la vida, las dificultades y necesidades que se pasan, las luchas cotidianas. 4. No te quedes en un punto, no te desanimes y desesperes, toma tiempo para pensar y mirar nuevos horizontes que te den claridad. 5. Examina qué puede estar pasando, en qué lugar te encuentras y ante todo, busca la vivencia de la virtud. 6. Actúa en alegría y confiando en lo que eres y lo que tienes, en que tus capacidades te llevarán a la meta, te harán fuerte y valiente. 7. Recuerda las palabras de Dios: “mira que te mando a que seas fuerte y valiente y que no tengas miedo, yo estoy de tu parte”. 

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