Hace algunos días, me había venido encontrando con algunas personas y amigos con su cara larga y escurrida, creo que ya no esperaban nada de su vida, se habían acostumbrado al dolor y a sufrir, no veían un camino distinto a ello, pues no se habían tomado y aferrado a la esperanza, parecía que todo se había acabado, vivían en la propia oscuridad de su angustia y de su dolor, estaban en la derrota. Durante varios momentos me detenía a pensar, qué hubiera podido pasar o estar pasando en la vida de cada uno de ellos para que estuvieran así, ¿Qué podría decirles? ¿Qué hacer para que vuelvan a tener esperanza? Lo más interesante de ello, es que, al pensar en cada una de esas situaciones y personas, me di cuenta que mi esperanza también se había perdido en muchos momentos de mi vida, pues existía casi que en desesperación, no esperaba nada más de la vida ni de mi mismo, y pues naturalmente, terminaba por no creer en los demás. Pero, un día aposté por la vida y empecé a vivir con ilusión y esperanza y hoy puedo decirte que esos sueños y realidades que parecían no terminar y no poder alcanzar, se realizaron ¿cómo? Con esperanza. ¿Cómo convencerme que vale la pena esperar? 

Un día, quería ir a conocer el mar, siempre había sido uno de mis sueños desde niño, por muchas circunstancias no se había dado la oportunidad, quería estar allí y contemplar tanta grandeza, pero no era posible, creo que cuando fui creciendo perdí las esperanzas de poderlo hacer y ya tenía otras prioridades. De la manera más extraña, se dio la oportunidad para conocer aquel bello lugar, creo que mi corazón saltaba de emoción a la espera que llegara pronto aquel día. Era un viaje no muy común, tenía que viajar hasta en avión, era mi primera vez, y para poder llegar a aquel lugar, debía tener la certeza y la confianza en que el piloto y sus auxiliares me llevarían. Allí encontramos la esperanza, en el momento que tu te propones un viaje y crees en la eficacia del medio del transporte que utilizas y esperas llegar al sitio al cual te diriges. Así, nos damos cuenta, que la vida tiene un misterio que da sentido a la misma, pues una vida sin preocupaciones y sin sabores, pienso que es un vida monótona y aburrida, la vida no puede ser solo angustia, dolor y sufrimiento, la vida, también, debe estar colmada de esperanza, logros y sueños que se trabajan para hacerlos realidad, pues cuando se tiene esperanza hay lucha por las cosas y muchos éxitos que se tienen. 

Como en todo cultivo, se debe pensar en el proceso que se tiene, como en el suelo, la semilla, la siembra, el riego, el cuidado, la ciega y la distribución. De la misma manera, para cosechar esperanza en un país mejor y una vida plena, se debe prestar atención a cada aspecto y proceso que se lleve en medio de nuestra cotidianidad. Para cultivar esperanza, se ha de pensar en sembrar de la misma, pero a veces no abonamos el suelo, es decir, nuestro entorno y nuestra vida propia, y empezamos a sembrar odios, rencores y deshonestidad, lo regamos con actos de impiedad, condena y crueldad, y al final, lo que cosechamos es de eso mismo que sembramos e hicimos crecer un día. Debemos buscar un horizonte de esperanza, donde se viva el perdón, la paz y la misericordia, en medio de una sociedad que lo ha perdido todo, es necesario preparar un nuevo terreno, preparar el corazón, sanarlo y empezar a cultivar nuevos actos de empatía y solidaridad, actos de generosidad, de esperanza, y así, cosechar lo que tanto anhelamos, paz, amor, comprensión y misericordia, y después, llevarlo a nuestros hermanos para tener un mejor vivir. Cultiva esperanza, para que coseches un mejor y auténtico vivir.