Siempre que pruebo o veo un plato de lentejas, recuerdo una historia de la Biblia. En el pueblo de Israel, era muy importante la primogenitura, que era el derecho que recibía el varón mayor de parte de su padre, recibía bienes materiales y la bendición familiar, es la futura cabeza y gobierno de todos. La historia es muy interesante, es de dos hombres, Esaú y Jacob, dos hermanos mellizos, hijos de Isaac. Se cuenta que Esaú era el primogénito, es decir, quien recibiría el gobierno de su familia y la bendición de parte de su padre Isaac, también, era un hombre que le gustaba la caza como su padre; por su parte, Jacob, se dice que era un hombre tranquilo y amante de la tierra. Un día, Esaú llegó muy cansado del campo y de trabajar y Jacob había preparado un plato de Lentejas, al cual, se le acerca y le pide de él, pero, Jacob le solicita a cambio su primogenitura; las palabras de Esaú fueron concretas: “voy a morir ¿de qué me sirve ahora la primogenitura? Es decir, que accedió a cambiar con Jacob su herencia y bendición. Al final de la vida de Isaac, su padre, quien queda con la bendición y la herencia de la familia, es decir, la primogenitura, es Jacob.  

Siempre en la Sagrada Escritura y en nuestra cotidianidad, la comida es un signo de bendición y de unión familiar, y mucho más las lentejas, creo que por eso es que muchas personas, a final de año, toman lentejas y las ponen dentro de su ropa y pertenencias, ello como un agüero más de petición y deseo de una vida en abundancia y bendición. ¿Puedes creer que un plato de lentejas puede cambiar algo de tu vida? Y puedes responder que sí, pero el sentido de ello va mucho más allá, no fueron las lentejas sino la postura, acción y talento de Jacob. En momentos creemos que algo material, puede cambiar nuestras vidas y darle un nuevo sentido, pero la importancia del cambio y de la bendición para nuestra vida está en cómo afronto cada situación que tengo, ya sea de dificultad o desánimo, también, en las decisiones y acciones que tomamos, pues van a tener consecuencias, y no se puede pasar por alto el talento, ese don que tenemos y que se pone al servicio de los demás. Jacob no tenía ninguna posibilidad de recibir la bendición de hijo mayor, pero pudo ser posible, porque la bendición que es para ti, nadie te la puede quitar, solo tienes que creer en lo que eres y lo que tienes y ello, que crees que nunca va a llegar se va a realizar. 

Debemos ponernos en el lugar de estos dos hermanos, tal vez eres Esaú, aquel hombre tan confiado y que, al momento de la lucha y la dificultad, entregas la bendición que es tuya, lo que te pertenece, casi que dices las mismas palabras: “voy a morir, ¿para qué?”, es decir, te rindes, no luchas, no caminas, no te esfuerzas y te dejas llevar por aquellos sentires del momento. O tal vez, eres Jacob, que con sus talentos, luchas por conseguir la bendición que también te pertenece, y te esmeras y pones todo de tu parte para seguir y continuar, aun en el momento donde todavía no vez la luz de aquella bendición. Puedo asegurarte, que si luchas constantemente tu bendición llegará, y no te llegará un poco, te llegará en abundancia porque la recompensa es grande y tenemos un Padre y Dios que es generoso con sus hijos, porque estas puesto en el mundo para vivir una vida a plenitud. Pero recuerda, que la bendición llega porque caminas y buscas ser bendecido. Debes trabajar y luchar por lo que quieres, tal como lo hizo Jacob, pon tus talentos para alcanzar lo que necesitas y sueñas. 

Ten presente que no fueron unas lentejas las que alcanzaron la bendición de Jacob, fueron sus talentos y dones puestos al manifiesto, fue su lucha, su esperanza y confianza en que sería bendecido, trabajó y se esforzó cada día. Y si ya tienes la bendición, por favor, no la cambies o la entregues por el sentir pasajero de tu vida o por placeres superficiales. La bendición que tienes y que te espera es grande, en tus manos está la herencia y bendición de tu familia, no la abandones, no la cambies. Oye, quiero decirte, espera, porque la bendición está cerca de ti, porque naciste para ser heredero y recibir la bendición como hijo primogénito y nadie te la podrá quitar.