Cuenta la Biblia, que Jesús un día se reunió con sus discípulos y realizaron la cena de pascua, este episodio que es conocido como la última cena, lo que sucedió allí, tiene muchos signos de salvación que podemos rescatar y llevarlo a nuestra vida, porque creo que estabas en esa mesa, junto a Jesús y sus discípulos, y puedes pensar ahora, eso es imposible. Por esta razón, si ponemos nuestra mirada en tres personas de esta historia, te darás cuenta que si pudiste estar allí. Aquellos personajes son Judas, el que traicionó y entregó a Jesús y después de aquella cena, terminó ahorcado en un árbol. Pedro, que había hecho una promesa de estar siempre junto a Jesús aun si tenía que ir a la muerte, y horas después lo negó y lo hizo tres veces. Y por supuesto, Juan, el discípulo amado, que durante aquella cena se recostó silencioso en el pecho de Jesús, y luego, le acompañó hasta la cruz. ¿Cuál eres tú? 

Tal vez, seas Judas, sé que muchos despreciamos este personaje, por ser repulsivo y entregar al maestro, y nos preguntamos constantemente ¿Cómo lo pudo hacer? Y afirmamos: “yo nunca lo haría”. Lastimosamente en muchas ocasiones hemos entregado a Jesús, pues somos capaz de cometer actos de inmensa impiedad y maldad, cuando no somos capaz de hablar en caridad del hermano, cuando lo señalamos y juzgamos, en vez de perdonarlo, cuando hablamos mal y calumniamos, cuando sencillamente acabamos con nuestra vida, la del prójimo y la de la Casa Común (Medio ambiente), seguimos entregando a Jesús por interés. O eres Pedro, que prometes hacer todo lo posible para estar con Dios, y llega la prueba o el dolor y le negamos, negamos su presencia en nuestra vida, hasta se llega a cuestionar su existencia; hoy seguimos negando a Jesús, porque nos da pena anunciarlo o nos da vergüenza que nos vean orando y hablando de Dios. O sencillamente, eres Juan, aquella persona que sabe poner toda su confianza en el Señor, que desde el silencio del corazón contemplas el amor y Jesús se convierte para ti es descanso y tranquilidad y le sigues aún hasta la cruz, y abrazas el amor hasta el extremo, un amor que se ha hecho altar y cruz.  

Estos tres personas supieron reconocer a Jesús, ver sus obras, experimentarlo de una maneras diferentes, pero a los tres los amó hasta dar la vida, la diferencia está en que cada dio respuesta a este amor de una manera diferente; Judas, nunca aceptó el perdón, no vio otro camino que la vergüenza y la muerte, pero Jesús aquella noche la cena, le había mostrado que solo el anfitrión que se paraba de su mesa y daba de comer a un comensal, era porque quería hacerlo ver importante, y eso hizo Jesús con él, remojó aquel pedazo de pan y se lo dio; aun en este momento Jesús le amaba y le mostraba que a pesar de su debilidad y traición le seguiría amando, pero su juicio oscureció su razón y corazón y terminó con su vida. Pedro, le negó frente a una mujer, sentado junto a unas brazas, después se arrepintió y lloró amargamente y muchos días después, pudo junto a unas brazas, decirle tres veces que le amaba. Y Juan, que siempre reconoció el amor que da la vida, que perdona y que da la felicidad.  

Este es el camino de la mesa a la cruz, un camino donde sabes que Dios te llama y te invita a compartir junto a él y los hermanos, un camino donde reconoces tu debilidad, donde te equivocas, pecas o cometes errores, pero Jesús te invita al perdón y al amor, te abraza junto a su cruz porque te ama y quiere lo mejor para ti, siéntete este día consolado por Dios que te invita a una nueva vida, abraza su cruz y ama hasta el extremo, ama desde la mesa a la cruz.