En algunos momentos buscamos y anhelamos estar junto a Dios, vivir de su mano y dejar que obre en nuestra vida que intervenga en aquella bendición y milagro que necesitamos. Queremos la intervención de Dios en el mundo y nuestra propia vida, queremos sentir, en algunos momentos verlo y comprobar su existencia, ver manifestaciones de su poder, presenciar grandes milagros y prodigios, y nos llegan las palabras de aquellos hombres del evangelio que se acercaron a Felipe, y le dijeron: “Queremos ver a Jesús”, o como aquellas palabras de los discípulos, donde le pedía a Jesús: “muéstranos al Padre”.  

Creo que desde este mismo deseo es que el Padre Rafael García Herreros quiso fundar el Minuto de Dios, una Corporación que nace con el deseo de su corazón de hacer presente a Dios en la tierra, el afirmaba en unos de sus programas: “debía existir un minuto, en la Tierra, de la Divinidad, para que hubiera paz, silencio, fe y alegría en este mundo. Es solo un momento, pero es el tiempo de la Verdad; en otras palabras, el Minuto de Dios expresa un instante de Dios en la tierra”. No había mejor manera de definir lo que es el Minuto de Dios, una obra de Dios, una búsqueda en la construcción de mejores ciudadanos y de cristianos que sepan vivir junto a Dios, pero más que ellos, un momento para estar a su lado.  

Recuerdo como hace algunos años, llegué a perteneces a esta gran obra, una que Dios mantiene desde su corazón, una obra por la que juntos luchamos para expresar el deseo del Padre Rafael, en un minuto poder mostrar a Dios, un minuto para revelar su accionar en nuestra vida, un minuto de Dios en nuestra tierra. Esta no es una tarea fácil, pues con nuestro rostro, actos, predicación y enseñanza estamos en la invitación de mostrar a Dios a la humanidad, también hacer una opción de promoción de ayuda a los necesitados, de ser capaz de abrir el corazón a los pobres, ser un corazón de amor en la humanidad. Es por esta razón, que deseamos seguir el ejemplo de nuestro fundador, ser valientes, coherentes y ser capaz de darlo todo a Dios, en una lucha y búsqueda constante en la tierra de justicia, paz, igualdad y felicidad. Esto es lo que pido cada día a Dios por medio del Padre Rafael al estar en las tardes junto a su tumba, poder tener su mismo espíritu, aquel abnegado y valiente, aquel corazón amoroso y compasivo, aquel que sabe buscar y construir la paz, que sabe dar y darse en una opción por el que necesita, aquel que sabe comunicar un mensaje enviado desde el cielo, un hombre con el corazón de Dios. Esta es una oportunidad para que mostrar a Dios a los hermanos, ser compasivos y misericordiosos, ser un Minuto de Dios en la tierra, ser un embajador del Cielo.