“Por sus llagas hemos sido curados” (Isaías 53,5) Es una de las afirmaciones del profeta Isaías, y en una interpretación de la frase, se puede afirmar, que habla de la persona de Jesús que se entrega por la humanidad, que hace las veces de pago por una deuda de pecado que tenía la humanidad por la desobediencia. El sacrificio de la cruz es redentor, porque Jesús nos reconcilia con el Padre, nos devuelva la gracia perdida por el pecado, su obediencia hasta la muerte por el pecador es amor hasta el extremo, un amor que no puede medirse, porque no tiene límite ni mucho menos fronteras o raza, su sacrificio fue todos, fue por ti y por mí.

Si me preguntaran de qué color es el amor, y desde una perspectiva del sacrificio redentor de Jesús y desde su cruz, tendría que hablar de una serie de colores que se encuentran en él, es decir, que el amor se pinta de colores, un amor que se vive y experimenta en la profunda intimidad de dos seres que abren su corazón para donarse, para entregarse entre sí.

El amor es rojo, porque la cruz se pinta de ella, es muestra de amor y misericordia a la humanidad, porque es un corazón que ama siempre, aun en los momentos de soledad y de pecado; es rojo por la sangre derramada en la cruz, que es signo de una alianza que se sella de una vez para siempre, con la propia vida en el amor, el amor que da la vida por sus amigos. Es café, porque el tronco de aquella cruz, es muestra de un amor que viene del cielo a la tierra y que se da para todos, eso es la cruz, un amor importado para el hombre, unión del cielo con la tierra. Es gris, porque aún en el silencio y los días más oscuros de nuestra vida, Dios sigue derramando y entregando amor a la humanidad, su amor es fiel y eterno. Es azul, porque el cielo se abre para darnos el regalo de la vida, el don de la gracia y de la amistad con Dios. Es verde porque nos devuelve la esperanza y la alegría que habíamos perdido. Es blanco, porque con las palabras de Jesús en la cruz: “todo está cumplido”, nos da la tranquilidad y la paz de que podemos acercarnos libremente hasta el Padre y recibir de su gracia. Es amarillo, por la alegría de sabernos hijos de Dios Padre en su Hijo Jesucristo. Es naranja, porque el amor de Dios empieza a arder en nuestro corazón, su amor se actualiza en nuestra propia vida cuando nos encontramos con él. Es morado, porque con su cruz nuestros pecados fueron perdonados, la deuda, ha sido pagada, tal como se dice en la noche de pascua: “por rescatar al esclavo a sacrificado al hijo”.

Este es el color de amor, un amor que es generoso y fiel, un amor para siempre, que no te juzga, es un amor que no te condiciona, solo te acepta, te perdona y te da felicidad. Por esta razón, quiero invitarte a que recibas del amor que Jesús nos da y lo lleves a tus hermanos, es un amor extremo, un amor sacrificado, un amor que sabe donarse y entregarse, que no espera nada a cambio, el amor que todo lo da, el amor que no tiene final, ese es el amor de mi Dios, el que quiere consolarte y perdonarte, para que vayas y lo des también a todo aquel que lo necesite. Ánimo, pinta tu vida del color del amor. Mi oración contigo.