Hace pocos días, pensaba en la rutina de mi vida y de mi trabajo, estaba un poco triste, porque no sabía si estaba haciendo lo correcto, o tal vez, estaba en un lugar equivocado, aparte de ello, tenía fuertes dolores de cabeza, que me quedaba muy difícil escribir, estaba como bloqueado, como que necesitaba reiniciar mi vida, nuevas cosas, hacer un viaje, pero era un poco difícil. Entonces, me preguntaba ¿Qué sentido tenía hacer lo ordinario en la vida? ¿Por qué nos aburre lo cotidiano? Mi vida, de maneral general y en estos tiempos, es casa, trabajo, tal vez parroquia y casa de nuevo. Y alguien, me decía: “llevas una vida muy simple, tienes que ponerle dinamismo”. ¿Simple? – respondí – y quedé pensativo durante el día ¿Realmente llevaba una vida de simplicidad? ¿Qué faltaba en mi para hacerla dinámica? Sería una fiesta clandestina en tiempos de pandemia, una comida en un gran restaurante, una salida al parque, un viaje a la playa, pero, aun así, sentía que nada de ello, podría hacer algo nuevo en mí.  

En el escritorio de mi habitación siempre tengo un calendario que me regalaron en el seminario donde doy clase, y mirando algunas fechas importantes, encontré una frase de un hombre religioso que se llamó Domingo Iturrate, decía: “Hacer de lo ordinario algo extraordinario”, mientras de fondo en mi computador escucha una frase en una canción: “never enough” (nunca es suficiente). Pensé en ese instante, que eso que necesitaba de más, era hacer de lo común, algo mejor para que diera fruto en abundancia, eso de darlo todo que mencionaba en repetidas ocasiones en mis conferencias. Pero, entonces ¿Cómo lograr hacer algo extraordinario, cuando vivimos una vida común? 

Vivir desde a sencillez para conocer la grandeza de lo que contiene la existencia, en muchas oportunidades dejamos que la rutina embargue lo que somos, hacemos y tenemos, entre el trabajo, el estudio y las obligaciones de casa, dejamos pasar la vida sin más, hacemos de lo ordinario algo aburrido, sin importancia, y creo que por eso, es que nuestras labores no dan los frutos que esperamos, es como cuando quieres un bello jardín, pero no lo riegas y lo podas, es un trabajo ordinario, pero importante, que hace lucir de mejor manera cada una de las flores. Este es el sentido de la vida, debemos buscar hacer lo mejor en la pequeñez de nuestras labores cotidianas, hacer que eso se convierta en algo extraordinario, desde la pequeñez de la vida podemos encontrar la grandeza de lo que somos y tenemos. 

En esta oportunidad quiero invitarte a vivir desde la propia sencillez de la vida, sin pretensiones, ni mucho menos ostentaciones, aparentando conocimientos, belleza y dinero porque ello, no es lo extraordinario, por el contrario, lo extraordinario es aquello pequeño que logras hacer grande, es lo espontaneo, lo humilde, el perdón, la reconciliación, los buenos modales; la persona que vive desde la sencillez busca la gracia y el bien, es capaz de ser feliz, se reconoce necesitado, es pobre de espíritu, es capaz de donarse al otro y servir, sabe cultivar sus dones y visualiza sus debilidades y fortalezas y actúa de manera positiva, logrando alto niveles de satisfacción y felicidad. Este es el momento para empezar a vivir desde lo común y ordinario de nuestra vida, para vivir a plenitud lo que somos, hombre y mujeres virtuosos que construyen desde el bien y desde la sencillez de la cotidianidad, no se puede derrochar la vida y momentos buenos que nos ayudarán a dar frutos en abundancia y que nos darán la felicidad que necesitamos. Ánimo, vive tu vida haciendo de lo ordinario algo extraordinario.