Una de las búsquedas más grandes del hombre es la felicidad, ello me hace recordar a aquel pirata que navega muchos mares, y se enfrenta a tormentas y caos, para conseguir un tesoro, dedica casi toda su vida ello. Eso es lo que queremos encontrar nosotros, trabajamos en la búsqueda constante de la felicidad, una felicidad que no se pueda terminar, aquel tesoro tan añorado que nos de la tranquilidad y la paz que se necesita. Pero, llevamos un orden de felicidad que es algo contrario a lo que ella es realmente, lo que sucede es que nos han mostrado y vendido una idea de felicidad muy superficial, como unas vacaciones, un carro, una beca, un buen trabajo, casa, dinero, etc. Ellas son manifestaciones placenteras, pero ciertamente, no son la felicidad que necesitamos, pues va mucho más allá de un simple momento de satisfacción. Es importante tener en cuenta, que siempre queremos alcanzar la felicidad sin necesidad de pasar por la dificultad y el sufrir, siempre he dicho que para conocer lo qué es la felicidad y saber que la estamos alcanzado, es cuando de aquello que nos hace angustiarnos y lamentarnos, aquello por lo que todos, como seres humanos pasamos, el dolor. Pero, recuerda que no es para siempre. Por eso, necesitamos pasar por el sufrimiento para llegar a la felicidad, pues el dolor no es solo desgracias, es también una oportunidad de crecimiento, es el momento de ser más fuertes, a veces queremos felicidad sin sufrimiento y sin esfuerzo alguno. Es importante reconocer que el sacrificio es parte de la vida, este es una puerta que lleva a la felicidad.

En el evangelio de Lucas, se nos cuenta como Dios visitó a una mujer virgen, a María, y por medio de un ángel le anunció que sería la madre de Jesús el salvador. Y desde este evangelio de la anunciación, quiero proponer un camino para reconocer aquella felicidad que necesitamos:

1. Viene a nosotros, nos visita, es Dios que actúa de nuestra parte y nos acompaña, aun en nuestros momentos de dolor, viene para darnos la vida en abundancia. 2. Nos elige y nos invita a recibir la alegría que solo viene de él. 3. Entra a lo profundo de nuestro corazón para anunciarnos una vida nueva, para alegrarnos con la noticia de que aquello que hemos esperado y pedido por mucho tiempo, viene a dárnoslo con felicidad y amor. Nos escogió en medio de muchos para llevar un mensaje de esperanza, alegría y liberación a todos, no podemos ser de aquellos que elegidos, abandonan su misión o la realizan por cumplimiento, tenemos que ser de aquellos cristianos que dan con alegría (2 Corintios 9,7-8). Recibimos de Dios su alegría para darla a los hermanos, lastimosamente, damos muchas veces amargura, estrés, dolor, desesperanza. Somos lo elegidos para ser portadores de un mensaje de alegría y salvación para todos los hermanos. 3. El miedo, la duda y el temor, son un salto para ser movidos a confiar y tener esperanza.  Muchas veces nos ahogamos en nuestro propio dolor y angustia y no vemos lo dinámico de la vida y que todo ello, nos debe llevar a comprender que la esperanza se nos da para aprender a confiar y esperar. El dolor y los miedos nos llevan a convertirnos en personas tristes, tanto, que nuestro rostro y expresiones lo muestran.  4. No temer, Dios da en abundancia. Nos capacita.  En algunos momentos no tenemos luces que nos ayuden a comprender el sentido de la vida, el sentido de nuestra vocación y de ser felices, pero Dios es concreto: “el Espíritu santo descenderá sobre ti”, es un don y fruto del Espíritu que viene a darnos lo que necesitamos, lo que buscamos constantemente: ser felices. 5. Lo que te parece imposible para ti, puede ser posible para Dios.  En momentos creemos que sufrimos más que los que están a nuestro, que nuestro dolor nos ahoga y no nos deja vivir plenamente. Ahora es la oportunidad para dejar que eso que es imposible para ti y esa felicidad que se busca, se encuentre en Dios y desde Dios, dejarlo que él actúe y nos llene de gozo porque viene para salvarnos. 

Estos cinco pasos nos llevan a mirar la felicidad que se recibe y se da a los hermanos, que no puedo dar de lo que no tengo. Como María debemos expresar: “aquí está la esclava del Señor”, es decir, aquí estamos para servir, para amar, para vivir y llevar un mensaje de esperanza y felicidad que nos viene de Dios, porque al darnos es que hay gozo y tranquilidad. Nuestra generosidad alegre debe sobrepasar la obligación o la apariencia. Hoy es la oportunidad para que encuentres tu felicidad y des un nuevo sentido a tu vida, porque la felicidad que buscas, la encuentras cuando te sabes dar.