En algunos momentos nos queda muy fácil señalar y juzgar a las otras personas y puede pasar, no estamos exentos de ello, porque se tiene un deseo, donde se quiere que la otra persona actúe de la manera que yo quiero o deseo, también que sea como yo espero. Pero es complicado, que las personas se conviertan en molde que se desea, la persona es libre en actuar y pensar y es lo hermoso de la humanidad, que cada uno pueda ser y de una manera diferente. Un día escuchaba una historia de Elmer, un elefante diferente a todos, pues no era de un solo color como todos, sino que era de muchos colores, era muy alegre y feliz y hace reír a su manada. Cierto día, se cansó de ser diferente a todos, quería ser igual, pensaba que por ser de colores era que daba alegría a su manada, que todos se reían de su apariencia, así que se pintó como todos, se pintó de color elefante. Pero cuando llegó donde estaba su manada todos estaban serios, solo lo saludaban: “hola elefante”, e sintió muy extraño y con los días se empezó a poner muy triste, se sentía como otro, que le habían quitado su felicidad e identidad. Así que fue a un río, se quitó su pintura y volvió a la manada, sonriendo, con su piel de muchos colores; cuando su manada lo ve, lo corren a abrazar y empiezan a sonreír junto a él.  

En muchas ocasiones queremos ser iguales por medio a ser señalados y juzgados tal como nosotros lo hacemos, pero es importante mirar en nuestro entorno, aceptar al que está a nuestro lado que es diferente, pero que esa diferencia hace un mundo lleno de colores maravillosos, donde se puede aportar para construir y edificar de distintas maneras. No podemos seguir señalando y juzgando porque sí, por prejuicios, porque la otra persona no piensa igual o viste igual a todos, debemos alegrarnos en la diferencia, una diferencia que nos une porque cada uno es importante y aporta. 

De todo ello, quiero invitarte a que mires la vida como una oportunidad para crecer, que seas crítico de la historia, de la vida, del entorno, pero no criticón porque eso no edifica, lo único que hace es crear división, chismes, hipocresía y deshonestidad. Hoy es la oportunidad para ver con agrado ese Elmer que camino junto a nosotros, que puede ser cada uno nosotros, acoger, ser como aquellos hombres y mujeres de puertas abiertas que está dispuestos a ayudar y acoger a ser uno en medio de la diversidad, es decir, que seamos como aquella oración de Jesús en el huerto de Getsemaní: “que todos sean uno”, pero uno no de uniformidad, sino de aquellos que se construyen desde lo colorido, desde lo diverso, desde el corazón. Mirá ve, recordá que estás para abrazar y acoger, no para juzgar y señalar.