Hace unos días, se me acercaba una persona que me decía que constantemente nos olvidamos de los pobres y de sus necesidades, y pensaba ¿Quién es el pobre? ¿Cómo saber quién realmente necesita? Y se venía a la mente la vida de un gran hombre, al cual admiro mucho por su misión y entrega, por su valentía y sencillez, por su sabiduría y servicio a los pobres y necesidades, su nombre es Vicente de Paul. Un hombre que por muchos años amó a los pobres, tanto, que llegó a decir a sus hermanos de comunidad: “los pobres son nuestros amos y señores”, en una experiencia misma de donación y servicio con la propia vida. San Vicente era de una familia pobre y sencilla y desde muy pequeño sus padres le enseñaron las labores del campo y vieron su gran sabiduría e inteligencia, por eso, toman la decisión de enviarlo a estudiar; con los años se hace sacerdote y se avergüenza de su familia y de lo que era, tenía un gran afán por la fama y el éxito, por la superioridad, convirtiéndose en un hombre orgulloso y soberbio. Un día, lo acusan de robar el dinero de los pobres y este no tenía pruebas para mostrar que era inocente, así que entra en una etapa de cuestionamiento y sin sentido de la vida y se preguntaba ¿para qué sirve lo que hago? Se va para una parroquia muy pobre y un día encuentra miseria y pobreza y entre los sacerdotes, religiosos y laicos, poco conocimiento de Jesús, y nace en su corazón un deseo ardiente de predicar y ayudar a todos y se va de pueblo en pueblo anunciando y enseñando a Jesucristo, y poco a poco se van uniendo más sacerdotes a predicar y servir a los necesitados junto a Vicente, así, forma toda una comunidad que hoy es conocida como los Padres Vicentinos o Paules.  

Esto lo cuento, porque en muchas circunstancias, claramente nos olvidamos del pobre y necesitado, que es aquel que está a nuestro lado, los pobres ocupan un lugar importante en el anuncio del Evangelio, porque pobres son aquellos que pasan necesidades materiales y de alimentación, sentimentales y de afecto, de dignidad y valor, son aquellos conocidos en la Biblia como los “Pobres del Señor”, los que son rechazados y marginados por la sociedad, aquellos que son olvidados en los intereses particulares, que son desatendidos porque se cree que no tienen importancia, son aquellos que necesitan hoy un abrazo, una palabra de aliento. 

¿A quién puedes ayudar y cómo hacerlo? Solo puedo decirte mira el corazón del pobre y afirmaría San Vicente de Paul, voltea el rostro de la moneda, mira fijamente al pobre y encontrarás el rostro de Jesús. No puedo calcular la inmensa alegría de Vicente al final de su vida porque amó y comprendió a los pobres, porque él lo era, porque necesitaba, porque vivió la necesidad material y afectiva, porque se estaba perdiendo en la pobreza espiritual y de su alma, pero aceptó al Señor Jesús en su vida, haciendo una opción por los pobres, porque ellos son los que hoy necesitan, porque necesitan un corazón que dé en caridad, no en interés y retribución. Hoy necesitamos un corazón que ame como el de Vicente de Paul, puede ser tu corazón el que ame y se done a los pobres y necesitados, un corazón que arde en justicia y caridad, un corazón que enseñe y abrece, un corazón como el padre de los pobres, San Vicente de Paul.