Constantemente escuchamos que la oración es hablar con Dios, pero más que ello, tendría que decir que la oración debería convertirse en un encuentro íntimo y constante con el Señor, donde recibimos de él gracia tras gracia, recibimos su amor y su bendición, y como escuchaba en algún momento la oración es un anticipo del cielo, porque podemos vivir con Dios, lastimosamente a veces nuestra oración es monótona y vacía, recuerda que solo la oración que sale del corazón del hombre, llega al corazón de Dios. Ahora es una buena oportunidad para revisar y reflexionar sobre cómo está nuestra oración, si realmente esta es encuentro y ese coloquio de amor con aquel que sabemos que nos escucha siempre. Pero ¿Para qué orar? Para encontrarnos con Dios, para amar, para encontrar aquello que nos hace falta y que buscamos constantemente en el mundo y en las cosas, te puedo asegurar que en la oración asidua lo puedes conseguir, oras para vivir un anticipo del cielo. 

¿Sientes en este momento la soledad de la vida? ¿Te abandonaron o partieron tus seres queridos? ¿Sientes la tristeza y la soledad? ¿Pasas por un duelo o enfermedad? ¿Sientes que nada puede llenarte? Quiero invitarte tal como lo hace el salmista, levanta los ojos a los montes y pregunta ¿de dónde viene el auxilio? El auxilio viene del Señor que hizo el Cielo y la Tierra, él es el guardián que no duerme ni reposa. Tal vez, sientas que tu vida no tiene ningún sentido y puedes haberte resentido con Dios ¿te abondo? Nunca te abandona, solo cierra tus ojos y ora a tu Padre que ve en lo secreto y él te escuchará, solo se necesita que tu plegaria sea sincera, que realmente sea de corazón, que cada cosa que salga de tus labios sea un accionar consciente de alabanza y bendición, de súplica y de abandono, de adoración y petición. Puede que no tengas el WhatsApp de Dios o de alguno de los Santos en el cielo, para enviar un mensaje instantáneo y sea respondido, pero puedo asegurar la oración llena tu vida, por eso en medio de ella debes experimentar al Dios que es consuelo y misericordia, de allí que si tu oración no funciona no es culpa de Dios es de nosotros, pues siempre está atento a nuestra súplica, está esperando como Padre amoroso que abraza y perdona. Aprende a desahogar tu corazón en el Dios, si no sabes cómo hacerlo, abre tu corazón, cierra tus ojos, trae a tu mente a Dios y dile como Samuel: “habla Señor que tu siervo escucha”.