Un día me preguntaban que por qué malgastaba el tiempo predicando un Dios que ya no existía o que si existía las personas y él mismo les había abandonado. Pensaba en ese momento en el tiempo que dedicaba a charlas, a escribir y a la asistencia a diferentes celebraciones, a los momentos de oración y lectura de la Palabra y me preguntaba ¿Perdido? Y recordaba aquel Salmo 135: “De oro y plata son los ídolos de las naciones, obra de las manos de los hombres; tienen boca y no hablan, ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen, ni siquiera un suspiro hay en su boca”, y lo hacía porque aun olvidando el mensaje de Dios, ponemos otras cosas en su reemplazo, es como cuando el pueblo de Israel, sin ver a Dios, y mientras Moisés estaba en el Sinaí, decidieron construir y hacer un becerrero de oro y decía: “Israel, este es el dios que te saco de Egipto”. Sencillamente ponemos dioses en los cuales confiamos y rendimos la vida. Por ello, quiero preguntar ¿Quién es tu dios? O también podría ¿Cuál es tu dios? Es aquel que te creó con gran amor y dispuso todo por y para tu felicidad o son aquellos que te dan felicidad pasajera y superficial, el dinero tal vez, los bienes materiales, el estudio o el trabajo, no sé. Ponemos nuestra confianza en otras cosas y personas, por eso resultamos defraudados y luego, señalamos a Dios de las desgracias, porque ahí si es donde existe y tiene la culpa de todo lo que pasa en el mundo y llegamos a reprochar “Dios por qué eres así, olvidas a tu creación”, ¿acaso puede tener Dios la culpa de tus decisiones y de los ídolos que te pones en tu vida? 

Muchos pueden burlarse de la fe, de Dios, de tu gran amor, diciendo que no tiene sentido, pero cuando te encuentras con Dios y experimentas su presencia real y viva, te darás cuenta que todo tiene aún más sentido de lo que te imaginas, un sentido que da felicidad y satisfacción, porque puedes tener poco o mucho, pero sabrás que lo tienes todo. Hoy llevamos en nuestras manos un Dios y un mensaje que no es aceptado y creen que está obsoleto y como dice el apóstol Pablo, la cruz, para algunos es necedad y escándalo, pero para nosotros es victoria, salvación y fuerza de Dios. No pierdas tu fe en Dios por lo que digan, encuentra a Dios en lo que vives.