Cuenta la historia del Minuto de Dios, que todo empezó un día que el Padre Rafael García Herreros quiso hacer una campaña por los pobres, y fue catalogado como marxista, y quien encabezó la lista de la generosidad, fue una mujer envuelta en una vida ligera, se dice que llegó a su oficina, era joven, bonita y con su cara un poco triste. Su nombre nunca fue conocido. Después, tres hermanos judíos, dueños de una empresa de tejidos, enviaron cobijas de lana para los pobres. Esto es de gran admirar, pues esta gran obra que hoy tenemos en la manos y que tiene como lema una misma frase de su fundador el Padre Rafael García Herreros: “que nadie se quede sin servir” y que inició, como se afirma, con un marxista, una prostituta y unos judíos, los abandonados y no tenidos en cuenta, pero Dios se vale de ellos siempre para hacer una gran obra, obra que hoy mantiene en medio de su misericordia y amor, una obra que sigue creciendo gracias a la generosidad de las personas y de la gracia y la providencia de Dios. 

Esta obra es el Minuto de Dios, aquella que quiere sintonizar al mundo con Dios, que quiere seguir ayudando y sirviendo a todos en diferentes campos, es la obra de Dios con todos, que nos recuerda que la caridad siempre debe ser diligente, tal como enseñó su fundador, es decir, aquella caridad que es capaz de dar en generosidad, pero que edifica y construye, no es aquella acción que da sin sentido y sin hacer que el otro tenga por tener, sino que se debe brindar dignidad, amor y justicia. También, nos recuerda que todos tenemos en nuestras manos la misión de servir, de darnos al pobre y necesitado. Por otro lado, nos dice, que cada uno, somos llamados por Dios, no importando la condición o proyecto de vida, para entregar nuestra vida al servicio del prójimo. 

Recuerdo el día que llegué a esta gran obra del Minuto de Dios, puedo afirmar con certeza que fui enviado por Dios, pues de la manera más inexplicable puso en el corazón de Alberto Linero y del Padre Diego Jaramillo, el deseo de servir y ayudar a un joven que había perdido casi todo, desde esos días me dieron la ilusión de volver a soñar y vivir, de luchar por aquellas cosas que necesito, de ser agradecido y de servir con aquello que he recibido de la obra y de Dios. Ahora, sirvo desde la pequeñez y detrás del telón de esta gran corporación, y si, fue porque Dios me mostró la caridad y providencia en dos grandes hombres de gran virtud, y desde allí me llamó a seguir sirviendo y mostrar a Dios a los hermanos. Así que te invito a que no te quedes sin servir, ama sin medida, ayuda al que necesita, muestra siempre el rostro del amor y la providencia de Dios, recuerda que en un minuto puedes hacer presente a Dios en la tierra y entre los pobres.