Mujer virtuosa, ¿Quién la hallará?

Vale mucho más que las perlas preciosas” 

(Proverbios 31,10) 

Recuerdo que desde niño veía los superhéroes y quería convertirme en uno de ellos, para defender a mi familia, especialmente a mi mamá, quería ser ese Superman y cuidar que nadie le pudiera hacer daño, o tal vez Thor, para desaparecer su dolor y sus lágrimas, cuando en las noches la escuchaba llorar, quería ser aquel Spider-man para llevarla a un lugar tranquilo, ser ese Holk fuerte donde la defendiera de todo lo malo que le pudiera pasar, o sencillamente, ser ese Goku que le devolvía la esperanza en los momentos de desolación. Con el tiempo, me di cuenta, que todo eso que quería ser lo era ella, era una SuperMamá, cada día con un desafío, un reto, una lucha, pero todo ello vencía, porque en el rostro cansado que veía en ella cada noche, por el trabajo de casa y las preocupaciones que todo estuviera bien, sonreía junto a nosotros sus hijos, es aquella que dando todo recibía poco, en realidad si es una SuperMamá. 

Puede que la vida tenga muchos desafíos para ti que eres la potadora de la vida, aquella que siempre está luchando por su familia, una mujer hermosa, por tu forma de sentir y de amar, que con seguridad puedo afirmar, eres una madre hecha en el cielo, un sueño de Dios, en el que te regaló un corazón inmenso para amar siempre y sin condición, con una capacidad de entrega en todo momento y lugar, con habilidad para darte desde tu propio ser, eres el diseño perfecto y parte de un proyecto de Dios para amar a sus hijos, por eso te creó como una mujer sensible, en amor y lealtad, eres una mujer de Dios, un sueño hecho en el cielo, una SuperMamá. 

Ante el dolor que vives, tal vez porque esperas el milagro del cielo para ser madre y sufres dolor y angustia, desesperación, o que tal vez, ya lo estás y esperas que todo esté bien y cuidas la vida y sufres porque no sabes cómo serán las cosas, o también, que hace poco o unos años eres madre y tienes el deseo que tu hijo sea y tenga lo mejor, un desafío por aprender a serlo y ser la mejor, o quizás, tienes hijos ya muy grandes, donde ya se han ido de casa y sientes que pasas por la soledad, el olvido, donde sientes que nadie puede entenderte, o eres aquella que ya tienes uno hijo en el cielo, y sufriste el dolor de su partida y tu corazón sintió llanto, vacío y desolación. Ante estas situaciones es donde nos damos cuenta, que lo das todo, ante el desafío de cada día que te exige más, pero das más; ese dolor y fuerza que se hace para dar a luz, no es solo allí en el momento del parto que lo haces, lo realizas desde el primer momento que sueñas con serlo, ser portadora de una luz que es amor y consuelo, que con solo una sonrisa conquista nuestro ser, que con un gesto sabemos que nos das todo y que con una mirada sabemos que nos corregirás. Ello es un desafío, un dolor, un trabajo no muy fácil, no muy bien pagado, pero es el mejor, porque sigues cada día dando a luz a tus hijos, sigues con todas tus fuerzas empujando y empujando para que tu hijo continúe con vida y sigues luchando, porque sea el mejor. 

Madre, eres el sueño de Dios, no lo eres por las casualidades de la vida o el azar, sé que en momentos solo te quieres rendir y tirar la capa, pero nunca lo haces porque quieres amar hasta el final, porque te apasiona darlo todo, desde tu delicadeza y fuerza, desde tu amor y comprensión, de tu oración y consejos, desde tu mente y corazón. Eres, madre, la embajadora del amor de Dios que llega a nosotros, el amor importado desde cielo. Nunca dejes de soñar y amar, sé la mujer que siempre has querido ser, en libertad y felicidad, sigue luchando porque llegarás, y por favor, no sufras más. Gracias, mamá, por ser aquella que desde el vientre me cuidó, me acompañó y que hoy sigue rogando por mi ante nuestro Dios, tal vez, no recibías mucho pago por ello, pero te entrego algo de lo tengo y soy, el corazón y el amor de un hijo que aprendió y recibió la vida de la mejor. Feliz día SuperMamá.