Siempre había escuchado que cada persona es importante, que ninguna puede llegar a ser más importante que otra, aun por sus cualidades, porque todos las tenemos de diferente manera, pero se construyen entre sí. Pero, en la realidad siempre encontraba diferencias, tal solo era mirar cómo algunas personas trataban con desprecio a los pobres y necesitados, los empleadores a sus propios trabajadores, los gobernadores al pueblo, las grandes instituciones a sus miembros, tanto así que el mundo se organizó en una pirámide, donde en la cúspide están los que más tienen y pueden, abajo sencillamente los marginas, los comunes, ¿realmente entonces la persona es un tesoro? En momentos por querer salir en intereses particulares o personales a nuevos horizontes y ganar metas y sueños, olvidamos que cada uno es un tesoro de Dios, es decir, baluartes, algo de mucho valor, ¿Por qué olvidamos lo que somos? Es complicado reconocer en el otro sus logros y sus virtudes, por la envidia y el egoísmo, porque mejor señalamos los errores y defectos, las debilidades de la otra persona para que tropiece y caiga. ¿Cuándo dejaremos de tratarnos con indiferencia y reconoceremos el valor que tenemos cada uno? 

Un tesoro, de manera general, se compone de diferentes y valiosas joyas, ese es el mundo que tenemos, somos un tesoro cuidado por Dios, pero dejamos que se pierda, lo escondemos, porque sencillamente no queremos que brille, no queremos que sea utilizado. Un tesoro se guarda como lo más preciado, pero puede ser compartido y ello, somos cada uno de nosotros un tesoro, donde somos guardados por Dios, una creación bella y hermosa salida de las manos de Dios, que él mismo conserva, cuida y acompaña con amor y bendición. 

No puedes seguir creyendo que no vales, ni mucho menos, pensarlo en aquel que está a nuestro lado, porque estás desperdiciando ese tesoro tan especial. Con un tesoro se pueden hacen grandes cosas y si te unes a reconocer en ti y en el otro el valor y la importancia que tienen se podrá ser una sociedad en bendición, que crece y que se construye desde el amor y el compartir, donde cada uno aporta y se crece con el otro. Recuerda que eres un tesoro valioso, que nadie puede quitarte lo que eres, cree en lo que eres y lo que tienes, no olvides, también, valorar al que está a tu lado.