Un día dentro de mis clases escuché hablar sobre un hombre llamado Agustín, un filósofo conocido de la Edad Media, estaba siempre buscando conocer la verdad, y lo realizaba a toda costa, en algunos momentos hasta pasando por encima de algunas personas y de su propia familia. Agustín es conocido como el hombre del corazón inquieto por su gran frase pronunciada en su escrito de las confesiones: “inquieto está mi corazón, hasta que no descanse en ti”.  Fácilmente me identifiqué con este hombre, porque todos andamos constantemente en una búsqueda de felicidad, de verdad y de amor, como hombres y mujeres necesitamos ser amados, respuestas a nuestros interrogantes frente al mundo, Dios y la sociedad, ser reconocidos, estar en tranquilidad y paz, realizarnos en nuestra profesión y vocación. Casi que queremos empezar un camino de búsqueda, en el cual, muchas veces nos rendimos, lo abandonamos o tomamos el más fácil, caminamos sin luchar, sin ser valientes, pero es importante que, al tomar esta postura, debemos ver horizontes y no dejarnos derrotar. 

San Agustín decía: “ama y haz lo que quieras”, así sabemos que él tenía en cuenta que el amor era el que movía absolutamente todas las fibras del hombre, es el que le mueve a ser y a realizar aspectos importantes de su vida. El amor en San Agustín es aquel que se apasiona, es aquel que es capaz de darse para producir y transformar, es aquel potencial que nos lleva a ser quienes somos nosotros, hechos en amor desde las manos de Dios. Por eso, cada vez que nosotros busquemos realizar algún aspecto de nuestra vida y estamos en una búsqueda constante de la felicidad, San Agustín, nos va a recomendar hacer todo en clave de amor, porque es desde el amor que todo lo podemos realizar. 

Sé que en muchos momentos todos buscamos que algo sea real, necesitamos eso que nos mueva, pero ¿Cómo podemos encontrar aquello en lo que realmente podamos descansar y sentirnos realizados y tranquilos? He encontrado personas que me dicen: “no soy feliz con lo que tengo y lo que soy”. Por eso, he llegado a la conclusión, como muchos otros lo han hecho y el mismo Jesús lo mencionó, que ninguna cosa material puede darnos la felicidad o hacernos totalmente felices, aun así, hasta el dinero que resuelve muchas situaciones en nuestra vida, como calmar el hambre, calmar muchas veces el dolor, la enfermedad, la angustia, certeramente, tampoco es aquello por lo que nosotros debemos luchar constantemente. A veces, nos desgastamos tanto en el trabajo por obtener aquellas cosas materiales, pero, al tenerlas nos damos cuenta de que no nos da la felicidad completa.  

Oye, tú que estás con un corazón inquieto, con un corazón casi que angustiado en esta búsqueda de felicidad, de paz, tranquilidad y de amor, quiero invitarte a que descanses, que descanses porque se necesita para buscar y encontrar nuevos horizontes en los cuales puedas encontrar la felicidad, si lo que hoy tienes no te hace feliz, debes pausar tu vida; realiza una pausa por un momento, descansa tu obrar y tu corazón, y debes fijarte en sinceridad, qué es lo que deseas realmente, qué es lo que quieres hacer con tu vida, para que así, puedas obtener esa felicidad que necesitas, ¿Cuál es hoy tu felicidad? ¿Dónde está tu felicidad? Este momento, es una oportunidad para que revises muchos aspectos en tu vida y que ese corazón inquieto que tú tienes, tal cual como yo lo tengo, empiece a vivir cada día en clave del amor como nos enseñó San Agustín, a que ese corazón y vida que están en una búsqueda de la verdad y la felicidad, empiece una búsqueda constante desde el amor, es decir, desde lo que le apasiona, desde lo que realmente es, por eso, no olvides que un corazón inquieto siempre ama.