“Les doy este mandamiento nuevo: que se amen unos a otros. Ustedes se amarán unos a otros como yo los he amado. Así reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: si se aman unos a otros”  (Juan 13,34-35) 

Mientras caminaba hacia mi trabajo, me encontré a una persona que hace mucho tiempo no veía, su aspecto había cambiado mucho, al igual que yo, pero su rostro se miraba con soledad y tristeza, por respeto y prudencia no le pregunté qué pasaba, pero si puedo estar seguro que su vida no era cómo la de antes, había perdido algo, le falta felicidad, no tenía amor y ternura. Recuerdo que me dijo: “todo es igual, nada qué hacer”. Todo ello, me llevó a pensar y preguntarme: ¿puede un corazón dejar de amar? Seguido de ello, me detuve a mirar y observar a mi al redor a las personas que pasaban, y me encontré con que cada una andaba ocupada en su qué hacer y obligación, tal vez iban corriendo como yo, para llegar puntual a su lugar de trabajo o compromiso, algunas caminaban muy pensativas, pude ver rostros mirando al suelo con derrota y angustia. No puedo olvidar la mirada de una niña, un poco sucia y con su ropa gastada, que mientras su madre le daba una sopa, sonreía y la abrazaba, hecho que hizo cuestionarme de nuevo: ¿Al crecer nos cansamos de amar? Y la respuesta que obtuve, fue de un taxista que me gritaba, mientras su ceja arrugaba, creo que casi llego al cielo ese día. Y seguía preguntándome: ¿No tenemos tiempo para amar? Y cuando llegué a mi lugar de trabajo y ver la cara de mis compañeros, algunos tranquilos, otros ocupados, otros preocupados, otros contentos, etc., me di cuenta que para amar no se necesita tiempo ni espacio, solo se necesita un corazón ¿Por qué nos es tan difícil amar? 

Publio Virgilio Marón decía: “el amor todo lo vence”, por su parte, San Pablo afirma: “el amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Entonces, ¿Qué es amar? Y José José siempre me responde en su canción: “el que ama pretende servir, el que ama su vida la da… El que ama no puede pensar, todo lo da, todo lo da… El amor no conoce el final”. Creo que nuestra sociedad de hoy tiene miedo de amar, pues soy de aquellos que creen que fuimos capacitados para amar, en potencialidad de amar hasta el final, lastimosamente algunas circunstancias nos han llevado a sacar el amor de nuestra vida, albergando odios y envidias, guerras y venganzas, nos cansamos de amar, porque esperamos retribución del amor, porque hemos desfigurado con nuestras obras lo que es amar, nos da pena y vergüenza tener prácticas de ternura porque creemos que es para personas débiles, o porque lo confundimos con el simple querer o con aspectos pasionales. El amar se refleja en el darse en generosidad, en la expresión más sencilla de ternura y compasión.  

Quiero invitarte a que hagas parte de aquellas situaciones que pueden despertar de nuevo el amor en medio de nuestra sociedad, pues se necesitan aquellas expresiones que unen, independientemente de educación, creencia y experiencia de vida. Recuerda que la ternura se encuentra en aquello que parece pequeño, pero que hace ensanchar el corazón, ello es un beso sincero, un apretón de manos, una sonrisa amable, el abrazo inesperado, una mirada de cariño, aquella actitud que manifiesta: oye, puedes contar conmigo, escucha atenta, un gesto amable, etc,. La ternura es la expresión del amor, en un acto que nace de uno mismo y que es para el otro y no necesariamente se da o expresa en el momento en que se necesita o cuando se esté triste, siempre debemos tener en nosotros expresiones de ternura, no debemos tener miedo a hacer, porque ello no te hace débil, por el contrario, es signo de una persona honesta, firme, fuerte y audaz, porque se muestra transparente, sin barreras y sin limitaciones. 

Es el tiempo para amar, no te detengas en hacerlo, ama siempre, ama sin límite, sé el corazón que sigue amando en el mundo, que abraza, que consuela, que anima, muchas personas se pueden salvar o salir de su dolor gracias a ti. Toma la bandera del amor y con confianza y seguridad ama porque el amor todo lo puede, que tu corazón sea un corazón que sigue amando, aun en medio de un mundo que no tiene amor y compasión.